(Este artículo lo remití a La Rioja en septiembre de 1991 con la exigencia de que se respetase el texto tal cual o no se publicara. Y no se publicó. La referencia al campo de golf de Sojuela tiene que ver con la noticia difundida en esas fechas por la prensa de que Javier Martínez Laorden era el encargado de redactar el planeamiento del mismo).
De boca de una secretaria del Ayuntamiento de Logroño oí decir que D. José Antonio Ulecia es un chico tierno y encantador. Los “medios” de comunicación, por otra parte, insisten en sugerir que el actual responsable político municipal en materia de Urbanismo, es el “cerebro gris” del Consistorio.
El domingo 22 de septiembre, el periodista L.S. de La Rioja le atribuía declaraciones tales como que Logroño no tenía “mecanismos legales para defenderse de cuantos atropellos cometen asiduamente los promotores”; que “los técnicos municipales no han sabido, o no han querido imponerse con armas legales a su alcance”; que tenía “confianza en defender (la plaza del Mercado) de nuevos atropellos de los constructores; y que confiaba en el respeto de las futuras edificaciones hacia la “identidad original”, aludiendo al proyecto de una casa que “reproduce la fachada anterior y con carpintería de madera”.
Puesto que la bondad suele ir asociada con la inteligencia y el calificativo “cerebro gris” alude a la misma facultad, no encaja bien que la misma persona de quien se dicen tales maravillas pueda decir tales tonterías.
Más cosas. A diferencia de D. Manuel Sainz que es sordo, del Sr, Ulecia también he oído decir en su favor que es una persona que “sabe escuchar”. Así que siendo bueno, listo y atento, ¿cómo no animarse entonces a echarle una mano contra sus propias declaraciones? ¿cómo no explicarle algunas cosillas que parece ignorar para que no vuelva a meter la pata?.
Vamos a ver, en primer lugar la ciudad no es un campo de batalla. Es posible que por algunas memorias quede aún la vieja definición del “escenario de la lucha de clases”, pero a estas alturas ya sabemos que se trata de un verso, una expresión romántica. Escenario quiere decir “lugar”, y mercado del suelo quiere decir posibilidad de enajenación del lugar, e intervención del mercado significa perpetuación del mercado. ¿Me siguen? ¿voy muy deprisa?. Perdonen, perdonen. Sólo quería decir de momento que se guardase la terminología bélica para el fútbol de los domingos del señor y que en lo posible se dejara a la ciudad en paz.
Vayamos pues por partes a ver si así me siguen. Cuando una casa es vieja, se cae. Lo mismo que cuando uno llega a viejo, pues se muere ¿no?. Una visión así de la casa es, para entendernos, una visión orgánica. No ayudarla a caer o a morir, pretender que la casa que un hombre construye no se tire nunca, significa otra cosa: probablemente, alimentar los sueños de perpetuidad. Ahora bien, pensar una casa en números, darle un valor en dineros, como es oficio de los promotores (y también del Ayuntamiento), no es ni lo uno ni lo otro. Aunque puede llevar a lo uno ó a lo otro: si los números crecen, la casa cae antes; si los números se estancan, la casa permanece mas tiempo. Esto sí se entiende ¿verdad?
Pues bien, la Corporación en que ha estado metido el Sr. Ulecia en los últimos ocho años no ha hecho sino hacer crecer los números de las casas (no ponga cara de tonto ahora Sr. Ulecia ¿a ver si no lo sabía?) con el fín, eso sí que lo sabe todo el mundo, de aumentar la caja de dineros del Ayuntamiento, o sea, aumentar su cuota de poder. El mecanismo para aumentar los números es muy sencillo: se pone un cinturón alrededor de Logroño y se subastan los solares municipales. A poco crecimiento económico que haya y sin apenas oferta de suelo, los precios de la demanda se disparan y los númeritos de las casas también. Luego, que vayan los técnicos municipales a decir por ahí que Logroño es una ciudad muy bonita porque aún puede ser recorrida a pié y tal y tal (que después hagan campos de golf en Sojuela “por la privada” es otra historia que habrá que contar también... o los chalets del golf ¿son para los sojuelanos?).
Acabáramos. Lamentarse de que las casas se caen y echar la culpa a la otra parte es de una hipocresía que a no ser por lo bueno, lo listo y aplicado que el Sr. Ulecia es, debería remitirle a la dimisión. Porque lo otro, lo de contentarse con que a las nuevas casas les pongan carpintería de madera y rejas de forja es un tema de tan mal gusto que no vale la pena comentar.