(Aunque este artículo podría estar en el bloque de polémicas, su temática es tan concreta que prefiero agruparlo con los que tratan del Colegio de Arquitectos. Mi afición a la polémica no se me fue, ni mucho menos, siendo Decano. Apareció en la sección de Cartas al Director el 31 de julio de 1997)
La
nota remitida a este periódico por D. Miguel Angel Garrido Vallés, en nombre de
la Asociación de Empresarios de la Construcción, Promoción y Afines de La
Rioja, publicada en la página de Opinión del día 23 de julio de 1997; y la
noticia de Redacción de la página 7 del diario de la misma fecha que se hace
eco de ella, motivan una polémica que estoy dispuesto a sostener públicamente
por su interés general, siempre y cuando seamos capaces de eliminar de la misma
los insultos, las descalificaciones y el tono de enfado que ambas notas de
prensa contienen.
Y
es que lo primero que hay que decir es que si la polémica se produce en la
prensa pública, es preciso aclarar cuales son sus virtudes y sus riesgos. La
polémica empieza porque hay, en efecto, una diferencia de criterio entre dos
colectivos, y un periodista de La Rioja, en el ejercicio de su trabajo y con
toda su buena intención, nos pregunta por separado nuestra opinión a cada uno
de sus máximos representantes. En el artículo en que publica las dos opiniones
(La Rioja 7 de julio) elige para ilustrarlo la foto de nuestra institución y
pone como titulares fragmentos de nuestra postura. Me pregunto entonces, si esa
forma de dar la noticia no ofenderá a nuestros contrincantes, a quienes parece
que les robamos el protagonismo; y a los pocos días veo que es así. Cuando uno
polemiza en la prensa pública sin pudor y en busca de la verdad (virtud de lo
público), corre unos riesgos que deben ser asumidos con un cierto fair play de jugador o de caballero, y no hay que
enfadarse si uno no sale en la foto a la primera de cambio.
Pero
dejemos de hablar del terreno de juego y vayamos con la contienda. En
superficie, el problema que nos separa a Promotores de Edificación y a Colegio
de Arquitectos es que los empresarios no quieren que el Colegio controle
mediante visado el presupuesto de los proyectos que redactan los arquitectos, y
para ello hacen una interpretación, a nuestro juicio exagerada, de la Ley 7/97
de 14 de abril, sobre medidas liberalizadoras en materia de suelo y colegios
profesionales, -llegando incluso a mezclar y confundir ambas materias, tal y
como se desprende de la carta del Sr. Garrido Vallés-, y de una reciente
sentencia puntual sobre un caso anterior a la ley y por tanto, con otras
connotaciones.
Por
mantenernos en nuestro control, los promotores nos llaman “corporativistas
caducos, gremialistas, rígidos y ajenos a una sociedad democrática y de
economía de mercado”, entrando así en una pelea más de fondo. En las dudas más
profundas que a veces me han asaltado en la defensa de nuestra posición, me
pregunto si lo que quieren los empresarios, -e incluso la misma Administración
Pública por la que a veces nos sentimos abandonados-, es que cerremos nuestro
colegio y nos demos de alta como PYMES de servicios dentro del mismo sector de
la construcción. ¿No sería mucho más provechoso y rentable para los arquitectos
dejar de actuar como personas físicas y jurídicas, llamarnos con nombres
anónimos, y disolvernos de tanto en tanto cuando las cosas nos van mal?. ¿No es
esa la propuesta que nos hacen desde la casa de enfrente, diciéndonos que nos
incorporemos alegremente a la economía de mercado? (dejo de lado el añadido de
la “sociedad democrática” para evitar enfadarme y complicar las cosas). Seguro
que las cosas nos irían mucho mejor judicial y económicamente si les hiciésemos
caso, pero a cambio, ¡ay!, si uno piensa la cantidad de cosas ó de valores
(inmateriales, por supuesto) que se
perderían si diésemos ese paso (ese cambio de bando), se queda como petrificado
por la responsabilidad y prefiere la ruina y el abandono, incluso el insulto y
la mofa, antes que la dicha económica. Es la historia de siempre, esa que tan
maravillosamente nos contó D. Miguel de Cervantes.
Pero
salgamos del fondo de la cuestión, donde siempre se queda uno como mudo y
ensimismado por los grandes pensamientos y vayamos con el resultado de la
contienda, que como dice nuestro seleccionador nacional de fútbol, el Sr.
Clemente, los resultados son los que cuentan (...y por eso tiene tanto éxito el
fútbol, y por eso me gusta a mí cada vez menos). La Junta de Gobierno del
Colegio Oficial de Arquitectos que presido, en su sesión de 15 de Julio de
1997, o sea antes de la segunda fase de esta polémica, tomó el acuerdo de visar
aquellos proyectos de ejecución que tengan presupuestos inferiores a los
presupuestos colegiales de referencia, con tan sólo añadir un sello rojo de
advertencia a la Administración Pública de esta circunstancia, así como denegar
el visado sólo en aquellos casos en que se advierta que el presupuesto es
“notoriamente” falso. La casuística es algo más complicada pero no la
transcribo aquí por su tecnicismo y longitud.
Yo
no sé si esto dejará contentos a los promotores, a los arquitectos, a la
administración, y a los compradores de viviendas. Es un resultado muy raro,
como esos que se les da a los electores de los partidos políticos, con los que
uno no sabe si ha perdido o ha ganado. Pero es, en definitiva, una decisión
para salir del paso, a la espera de que otros muevan ficha.