(Publicado en el diario La Rioja el 13 de Junio de 1999)
A pesar de estar ubicada en uno de los edificios más emblemáticos de Logroño, justo al lado del Ayuntamiento, la Escuela de Artes y Oficios (ahora llamada Escuela de Arte) es una institución bastante mal conocida por muchos logroñeses y riojanos, quienes todavía continúan llamándola “la Industrial”. No es motivo de estas líneas contar las etapas históricas del edificio que originan tal confusión, ni desentrañar el complicado marco educativo que regula sus docencias, -pues no cabría en una página y probablemente no sería del interés general-; sino más bien el de presentar a la ciudadanía algo mucho más interesante y actual como es el logro institucional de haber cumplido las bodas de plata de los estudios de Decoración ó Interiorismo, tal y como reza la pancarta que estos días cuelga de su ventana central.
En efecto, hace veinticinco años, cuando la Escuela de Artes y Oficios ocupaba tan sólo una planta del hermoso edificio destinado a tales enseñanzas, -porque los Estudios de Maestría Industrial, mucho más boyantes entonces, la habían ido arrinconando-, el entonces director de la Escuela, Joaquín López Torralba, (más conocido por “Reina”) encargó a la profesora de Dibujo e Historia del Arte, Rosa Castellot, que se titulase en Decoración en Zaragoza y que se empezaran a impartir dichas enseñanzas en nuestra Escuela con el nivel de “graduado en Artes Aplicadas” según la programación nacional del Plan de 1963. Para el acceso a cursar Decoración era necesario entonces el cuarto y reválida del bachillerato contemporáneo, y los estudios consistían en tres años preparatorios comunes a todas las especialidades de Artes y Oficios, y dos cursos de especialidad en Decoración e Interiorismo. Los cursos se pusieron en marcha sobre el taller de Proyectos y la asignatura de Dibujo Artístico, ambos impartidos por Rosa Castellot, y sobre la sólida disciplina del DibujoTécnico impartida por Jesús Crespo. A partir de 1982, el pintor, y también graduado en Decoración, Vicente Gallego apoyaría a Rosa en el taller de Proyectos y Dibujo Artístico.
Desde entonces hasta hoy los planes de estudios han cambiado no pocas veces, tanto en la formación preliminar como en la específica; Maestría Industrial creció tanto que se tuvo que ir del edificio a uno nuevo en Las Gaunas; a finales de los ochenta empezamos a llegar a la Escuela un buen número de arquitectos profesores; los estudiantes participaron en los prestigiosos concursos del INFAD en Barcelona, (y trajeron premios); y desde hace 6 años se crearon las Jornadas de Interiorismo con participación de los mejores diseñadores nacionales. En los veinticinco años de estudios de Decoración se han graduado en nuestra Escuela 404 alumnos oficiales y 61 libres y se han otorgado otros 642 titulos a alumnos de decoración de academias privadas del norte de España que venían a nuestro centro a revalidar sus estudios, haciendo un total de 1.107 títulos expedidos.
Con todo ello, la experiencia docente acumulada a lo largo de estos veinticinco años conforman un patrimonio pedagógico que es justo reconocer y valorar públicamente, no sólo por el orgullo de tener una institución sólida y arraigada en nuestra ciudad y región, sino sobre todo de cara a reconocer errores y planificar el futuro toda vez que las recientes competencias en materia educativa tranferidas a nuestra Comunidad Autónoma permiten abordar desde aquí los planes de este tipo de estudios.
Cuando nació la especialidad de los estudios de Decoración en la Escuela de Artes y Oficios de Logroño, el concepto de “decoración” estaba aún mal visto por una modernidad que se había iniciado a comienzos de siglo en el espíritu, o más bien con el eslogan del título del libro de Adolf Loos, “Ornamento y delito”. La revisión de la postmodernidad capitaneada por una arquitectura convertida ya en espectáculo de los medios de comunicación no ha ayudado tampoco a entender mejor los significados de la “decoración” y a rescatar sus valores, de manera que aún usamos la palabra “interiorismo” para huir de los anatemas de la modernidad. Sin embargo, ya hay revisiones teóricas muy valiosas, como por ejemplo las de las tesis de Iñiguez y Ustarroz, en las que se redefinen nuevamente los términos de decoración (presentarse con decoro) y ornamento, para mayor gloria del oficio de decorador.
Modestamente, en mis enseñanzas a los alumnos de la Escuela de Logroño, yo digo que decorar es convertir un espacio construído, frío como producción económica o ingenieril, o pretencioso, como producto artístico y arquitectónico, en algo mucho mas cercano a la vida de los hombres, algo mucho más vivible y entendible, a lo que llamo Lugar. Y ante la avalancha de los productos construidos anteriores y ante las denuncias de tantos y tantos observadores que nos hablan de nuestro mundo como de un paisaje en el que, cada vez más, proliferan los no-lugares, la profesión de Decorador creo que tiene ante sí no sólo un gran futuro, sino casi una tarea salvífica; y nuestra Escuela, por consiguiente, la enorme responsabilidad de recorrer el duro camino de otros veinticinco nuevos años hasta las Bodas de Oro.
