domingo, 14 de junio de 2026

LA REFORMA DEL ESTATUTO

            (Siendo Decano del COAR, los Amigos de la Rioja me pidieron su opinión sobre una posible reforma del Estatuto de Autonomía de La Rioja. Apareció publicada en la revista SIETE RIOS n. 9 de mayo de 1998)

 

            A nivel general, el desarrollo autonómico de La Rioja está condenado a ser desordenado, porque se inserta en un desamantelamiento del Estado centralista igualmente desordenado, esto es, en una reorganización administrativa y política impulsada por un par de regiones, en la que, para conjurar el secesionismo de ese par de regiones, se incluye al resto del territorio de eso que llamábamos España. Pues bien, en este proceso, obviamente, La Rioja, por población e historia, ha de estar en el furgón de cola, que es, como todo el mundo sabe, el que más se tambalea.

            Ahora bien, en este maremagnun político y legal en que se ha convertido nuestra piel de toro, hay que pensar también en positivo y ver si se puede sacar algo en limpio. A nivel territorial, a los arquitectos nos ha preocupado siempre el peculiar mapa político de nuestra Comunidad, y su incidencia en el planeamiento urbanístico. Con el extraordinario desarrollo de los medios de locomoción y comunicación, la realidad urbana ha dejado de ser local para trascender al territorio, y las áreas de influencia de las ciudades han traspasado sus límites físicos y políticos. Nuestro Estatuto de Autonomía recogía en el art. 5 una idea estupenda que sin embargo no se ha desarrollado en absoluto. Dice así: “La Comunidad Autónoma de La Rioja estructurará su organización territorial en municipios y comarcas”.

            Durante los años de vida de nuestra Autonomía, y desde los tiempos del presidente Jose M. de Miguel, no se ha parado de hablar de federaciones o asociaciones entre municipios, enmascarando el fenómeno comarcal. Igualmente, cuando desde la Comunidad Autónoma se han distribuido servicios al territorio, cada Consejería ha hecho el mapa que le venía en gana, ignorando una posible estructura territorial intermedia entre el municipio y la región.

            Llega  ahora la Ley del Suelo, o ley de urbanismo regional, y se plantean en ella, con cierta lógica, figuras de planeamiento de ámbito supramunicipal que bailan entre la idea del área metropolitana o de las agrupaciones municipales, con expresa ignorancia del nivel comarcal que el propio desarrollo autonómico ha negado durante todos estos años.

            Se anuncian ahora reformas del Estatuto de Autonomía cuyo contenido solo conocemos de oídas, por lo que más que en condiciones de opinar, estamos tan sólo en las de pedir o de exigir que ese artículo 5 no se desmantele por pura atrofia de su ignorancia, sino que, por el contrario, se haga algo por acatar el imperativo que en su redacción expresa, esto es, que el territorio se “estructure” o se “vertebre” tal y como en el mismo se indica, en municipios y comarcas. El municipalismo exagerado que se ha puesto en evidencia con el problema de los vertederos nos da una idea de lo triste que es nuestra estructura territorial.  

            Respecto a la cuestión de qué idea debería presidir la reforma del Estatuto de Autonomía de La Rioja, no se nos ocurre sino la de retomar el espíritu de aquella famosa e imposible  Ley de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) que evite en lo posible ese acúmulo de engorrosas diferencias circunstanciales entre territorios autonómicos, que nunca hacen daño a la universalidad de movimiento del dinero y sí al de las personas. Un Plan Parcial en Navarra seguirá siendo esencialmente lo mismo que en La Rioja, pero para confundirnos entre nosotros y evitar nuestro intercambio de experiencias, es seguro que nuestras leyes autonómicas los denominarán de distinta manera. Contra eso hay que ir. Si no se nos pudo imponer desde el Estado central una armonización terminológica y legal, que la construyamos nosotros desde abajo.