(publicado en En contraste n. 2)
Según el consejero Manuel Arenilla las leyes “hay que reflexionarlas”. Y como él puede “expresar la necesidad de que la Comunidad requiere asistentes sociales o médicos, pero convencer de que necesita gente para pensar es mucho más complicado”, concluye que lo mejor es no hacer leyes. Claro que si no se hacen leyes, ¿para qué queremos la Comunidad Autónoma?, ó incluso, ¿para qué queremos Consejeros?. Lo malo de pensar es que además de servir para hacer leyes, sirve también para sacar conclusiones como éstas, y puestos así, lo mejor es no pagar pensadores y hacer las leyes por encargo. En esas parece que estamos; al menos, en la del Suelo.