(Espoleado por el éxito obtenido en mi primera polémica periodística, el mismo mes de septiembre de 1984 me volví a meter en danza. En esta ocasión picó nada menos que el Secretario General de la todavía entonces Diputación General)
El concurso-estafa de la Tabacalera
(La Rioja puso otro titular: Concurso de anteproyectos para la sede del Parlamento riojano. Juan Díez del Corral solicita su anulación)
Sr.
Director:
En
relación al Concurso Nacional de Anteproyectos para Sede de la Diputación
General de La Rioja en el antiguo Convento de la Merced y Sala Oeste de la
Tabacalera, y desde la posición de simple ciudadano que no ha tomado parte en
el citado concurso, ni como concursante ni como miembro del jurado, deseo hacer
público lo siguiente:
1º.-
Que movido del interés general que dicho concurso ha suscitado, y
voluntariamente al margen de la polémica inicial sobre la honestidad o no del
fallo del Jurado, he visitado estos días la exposición que se ha celebrado en
la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Logroño con la intención de
informarme y, en su caso, de dar mi parecer sobre las cuestiones
arquitectónicas relativas al mismo.
2º.-
Que muy a mi pesar, una extraña constatación observada en los anteproyectos
presentados y premiados me ha desviado del posible juicio arquitectónico de los
mismos, al juicio de la limpieza, honestidad y justicia del concurso, tema en
el que en un principio, y de la forma que se había planteado, no quería entrar.
Tal
constatación es que de los 67 anteproyectos presentados sólo 6 dejan
completamente libre la Sala Oeste de la
Tabacalera, y entre ellos están el 1º, el 2º, y dos de los cuatro terceros
premios.
3º.-
Que al margen del juicio arquitectónico que tal decisión merece, he indagado en
las posibles causas que pudieran motivar ese juicio unilateral de premiar a
tales proyectos, y al final he encontrado la clave en el contrato de cesión del
edificio por parte del Ayuntamiento a la Comunidad Autónoma, contrato que los
servicios administrativos de la Diputación General me han mostrado con toda
amabilidad.
Dicho
contrato contiene, entre otras, una cláusula que especifica que si la Sala
Oeste queda libre para uso del Ayuntamiento, la cesión es gratuita, pero si
dicha sala es ocupada por las dependencias de la Diputación General, ésta
deberá abonar al Ayuntamiento la cantidad de 28 millones de pesetas.
4º.-
Que la objetividad de dicho dato, ocultado a los concursantes en la información
que se les dió, no coincide con la ambigüedad de términos con que se redactaron
los “objetivos” del concurso, según los cuales dicha sala bien se podía coger o
bien se podía dejar.
5º.-
Que todo hace sospechar que dada tal disparidad de información han podido
fácilmente existir filtraciones o “soplos” relativos a la primera (de ahí que
los premiados sean mayormente de aquí), con lo que los concursantes se
enfrentarían en manifiesta desigualdad de condiciones.
Es
por todo ello y por la gravedad que reviste la ocultación general de un dato de
proyecto, en sí fundamental, pero a la postre decisivo para el fallo del
jurado, por lo que solicito públicamente la anulación del concurso y el estudio
de las indemnizaciones que hubiesen lugar a los estafados concursantes.
Datos parciales y tergiversados
En
relación con la carta del señor Díez del Corral sobre el concurso de
anteproyectos para la sede del Parlamento riojano, publicada en la edición de
este periódico del día 29 de septiembre y como ampliación de los datos
parciales y tergiversados que contiene, fruto de la deficiente información que
posee dicho señor, le acompaño fotocopia del documento que, a finales de 1983
(fecha previa a la iniciación de los trabajos a presentar), se envió a todos
los participantes en el concurso de referencia, en el que se subrayaba la
importancia de que en la solución arquitectónica que se ofreciera se estudiase
“la posibilidad de mantener el destino actual de dicha ala Oeste” que consistía
en su utilización por el Ayuntamiento de Logroño para usos múltiples.
El
desconocimiento de este importante dato por parte del señor Díez del Corral le
ha permitido realizar unas graves acusaciones que como secretario del jurado
calificador, me veo en la obligación de rechazarlas por considerarlas falsas.
Atentamente
Rafael
Nasarre Alastruey
Secretrio
general letrado de la Diputación General de La Rioja
Respuesta al Sr. Secretario General Letrado
de la Diputación General de La Rioja
(Ni desinformado ni parcial -lo subtituló el periódico)
En
la nota que Vd. publica en La Rioja de 30 de septiembre me acusa de
desinformado, de tergiversador y de parcial en la aportación de datos. Pues
bien, con las aclaraciones que voy a hacer en esta nota, presiento, muy a mi
pesar, que alguna de esas acusaciones se van a volver contra Vd. Veamos:
A.-
Desinformado: sobre su acusación de mi desinformación del documento de
objetivos del concurso creo que Vd. ha arriesgado demasiado, pues si dicha
información estaba en poder de los ciento y pico concursantes, era casi de
dominio público y por supuesto, como le podrán testificar (si Vd. insiste)
varios arquitectos compañeros que me la dieron, la conocía al detalle. En
cualquier caso le agradezco su publicación porque así todo el mundo podrá
juzgar a continuación si tergiversé o no los datos.
B.-
Tergiversador: textualmente me expresé diciendo que de dicho documento
(¡caramba! eso ya hacía suponer que lo había leído) se desprendía la duda o
ambigüedad de que “dicha sala (la sala Oeste) bien se podía coger o bien se
podía dejar”. Me deja perplejo que Vd., letrado de profesión, no acierte a
interpretar los términos “si es posible” (última línea del segundo párrafo),
“deberá estudiarse la posibilidad” (segunda línea del tercer párrafo), o “se
adoptará la solución que mejor proceda, prescindiendo de los usos actuales”
(quinta y sexta línea del tercer párrafo); términos contenidos en dicho
documento y que gracias a su exhibición todo el mundo puede ahora leer y
juzgar.
C.-
Parcial: diré además que la duda que dicho documento suscitó al respecto no fué
sólo mía sino también de gran número de concursantes, y fué motivo de las
numerosas preguntas que éstos plantearon al jurado tras recibir las bases,
preguntas a las que el jurado volvió a responder con la misma ambigüedad. Para
que no me vuelva Vd. a acusar de desinformado le diré que también poseo las
fotocopias sobre dicha cuestión. Lo que ocurre, y con ello pretendo defenderme
de la acusación de parcialidad de datos, es que no creo oportuno transcribirlos
aquí, como tampoco lo hice en la nota anterior, para no abusar de la gentileza
del Sr. Director de La Rioja.
Considerando
que con ello quedan rebatidas las acusaciones que Vd. me hace de desinformado,
tergiversador y parcial, voy a permitirme levemente pasar al ataque.
Creo
que Vd. no ha entendido bien el alcance de mi primera nota. Ello es bastante lógico porque fué Vd. mismo
el que con tanta amabilidad como inocencia me mostró el documento de cesión del
solar con la claúsula famosa de los 28 millones. Ahora vuelva a leer, por
favor, el primer párrafo del documento que Vd. publica: “...en el edificio que
para este fin cede el Ayuntamiento...” y responda ¿cede o vende
condicionalmente según la solución del proyecto ganador? No hay más que una
respuesta: según la citada cláusula, de la solución del proyecto ganador
depende que se ceda gratuitamente o que se venda por los 28 millones
mencionados; y eso no lo sabían los concursantes (¿todos?), mientras que Vd.,
el Sr. Presidente del Jurado y Presidente de la Diputación General de La Rioja
y algunos otros miembros del Jurado, por su vinculación al Ayuntamiento o a la
Comunidad Autónoma sí que lo debían saber.
Y
diré más: en el mismo contrato de cesión figura una segunda cláusula según la
cual la Diputación General se compromete al costeo del derribo del almacén de
la Tabacalera situado frente a la fachada de la antigua iglesia y a la
urbanización de la plaza resultante según las directrices que señale el
Ayuntamiento. Algo que tampoco se dice en las bases del concurso y que es otro
dato de proyecto sumamente importante a la hora de tomar decisiones tales como
accesos, aparcamientos, composición de la fachada, etc. Como puede ver, si he
sido parcial en mi primera nota, ha sido no del lado de los posibles argumentos
de defensa del concurso, sino del lado de la acusación.
Montar
un Concurso Nacional de Arquitectura es algo lo suficientemente serio y cargado
de responsabilidad como para no incurrir en despistes de tan grueso calibre, y
digo despiste, porque en su caso concreto, Sr. Nasarre, me consta que no hay
mala fé.
De
todas maneras, tras el despiste en el Concurso y tras su acusadora y equivocada
carta del domingo, llego a la conclusión de que si antes creía que eran sólo
algunos cargos políticos los que se encargaban de desprestigiar a nuestras
instituciones, ahora veo con tristeza que algunos altos funcionarios también
están por la labor.