domingo, 14 de junio de 2026

ARQUITECTURA DE BAMBALINAS

           (Dos años después de “Vendedores y Pensadores” seguíamos en las mismas. No recuerdo si esta pequeña nota de enfado llegué a enviarla al periódico. En cualquier caso, está bien aquí para hacer memoria de las Jornadas del Patrimonio del año 87)


Tenía que ser así. La coordinadora de las Jornadas me señaló que era un problema de horario. El caso es que cuando intenté exponer ordenadamente unas reflexiones en torno a la Intervención en el Patrimonio en el curso de las IV Jornadas sobre el tema, celebradas recientemente en Logroño, no se me dejó. Lógico, lo importante en los “shows” no es pensar, sino cumplir el horario. Fuí el ingenuo de turno que se piensa que a las Jornadas de este tipo se va a reflexionar y a debatir. Nada más lejos de la realidad. De lo que se trata es de ver en vivo a los arquitectos que salen en las revistas o, torciendo un poco la frase hacia el escenario, a los “arquitectos de la revista”. Y punto.

Como un diario no es el marco más apropiado para cargar las tintas sobre un tema específico y acaso árido, emplazo a quien quiera encontrar aquellas reflexiones al próximo número de la revista cultural Calle Mayor si es que -Consejera mediante- logra publicarse (1). Vayan aquí tan sólo unas notas para que el público en general sepa lo que se “representó” en las Jornadas.

Ya el comienzo no pudo ser más revelador: a Fernández Alba, autor de la restauración del Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, antes de que pudiera decir una palabra ya le habían apagado la luz para que enseñase sus diapositivas. “No, por favor -suplicó el arquitecto-, enciendan las luces para poderles expresar antes mi pensamiento”. Claro que al día siguiente y para volver las cosas a su sitio, Joan Tarrús, de Gerona, antes de empezar a hablar (a balbucear más bien) pidió que se apagaran los focos para pasar de inmediato a las filminas ya que “en arquitectura -señaló- lo importante son los resultados”. Vaya, como en el fútbol.

A Javier Frechilla, de Madrid, le debo agradecer que me aclarara (de modo indirecto, claro está), el sentido último de las Jornadas. Su disertación sobre la arquitectura del teatro, explicativa de su intervención en el teatro Bretón de los Herreros de Haro (un proyecto más para la galería que otra cosa), me hizo caer en la cuenta de que lo que andábamos viendo no era ni arquitectura ni arquitectura de teatros, sino “arquitectura de teatro”. Las obras de los arquitectos invitados adquirían sentido, no en sí mismas, sino al ser expuestas (representadas) en Jornadas como las que estábamos celebrando. Me dí cuenta entonces (y definitivamente cuando el último día me quitaron la palabra), que si habíamos pagado la nada desdeñable “entrada” de 10.000 pestas que costaba la asistencia, no era para pensar (caro pensamiento) sino para tener derecho a butaca en el show.

Aclaradas las cosas, la estrella más brillante de la comedia resultó ser Javier Bellosillo, quien exhibió su intervención en Santa María la Real de Nájera demostrando la total coherencia entre la frivolidad de la obra y la frivolidad del encargo. Para cerrar la función, el otrora adalid de la teoría Ignacio Linazasoro, acabó espetando “que la arquitectura, -no le demos más vueltas-, es un hecho físico”.

Como en los malos festivales de cine, la actitud más consecuente (y barata) ante Jornadas como éstas será, de ahora en adelante, la de quedarse en la puerta para ver entrar y salir a los “artistas”.   



(1) véase el artículo Arquitectura y Patrimonio en Una Voz en un Lugar