(Lo más divertido de esta polémica fue enterarme de que la carta de de mis oponentes fue redactada casi por encargo al entonces profesor del CUR Ramón Irigoyen, a quien afeé luego su conducta en la Plaza del Ayuntamiento ante unos amigos literatos, para bochorno de su fama de díscolo y rebelde)
Señor Director:
Nuevamente me veo solicitando un pequeño espacio de su diario para llamar la atención sobre la existencia de una partida de inútiles entre los cargos culturales de nuestra región, con el sano motivo (siempre con sano motivo) de que las víctimas de tales individuos sepan a qué atenerse. Agradeciéndole de antemano su acogida, paso a relatar la cuestión.
En el mes de octubre pasado, asistí y presenté una modesta comunicación al II Coloquio sobre Historia de La Rioja organizado por el Colegio Universitario (1). El desarrollo de tal Coloquio fue tan lamentable que en aquellas fechas sentí la tentación de denunciarlo públicamente. Si no lo hice fue porque, al fín y al cabo, las actas se publican con posterioridad y de lo allí dicho queda constancia para siempre: para vergüenza de unos, para gloria de otros y para desdén de todos.
Cuál no será por ello mi sorpresa al recibir estos días una cartita firmada por un tal José Miguel Delgado Idarreta, quien en nombre de una (agárrense a lo que viene) “Comisión Científica” del Coloquio, aparte de agradecerme la contribución a las Jornadas “científicas” (ya verán Vd. en las actas cuanta ciencia, ya) me comunica que por falta de presupuesto y demás prescinden de mi “artículo” (tanta ciencia no les da para distinguir una comunicación de un artículo) en la publicación de las Actas del Coloquio. Mas adelante, “lamentando este extremo” (¿de veras?) esperan que les sepa disculpar. Pues que esperen, que esperen.
La fase de admisión de ponencias es el momento clave de la organización de un Coloquio. En el del CUR se coló cualquiera con cualquier bobada para hacer curriculum, que es al parecer lo que necesitan imperiosamente los historiadores titulados y la razón última por la que se convocan estos eventos. El contenido de las jornadas resultó penoso, mas la falta de seriedad de los “científicos organizadores” no se quedó ahí, sino que se hace extensiva después a la mutilada publicación de las Actas.
No hace mucho que el profesor Gómez Urdañez hacia el ridículo en un suplemento dominical de El País al decir que “la avanzadilla cultural de La Rioja es sin duda el Colegio Universitario, donde se dan más de 200 conferencias al año”. Con el ridículo que hacen ahora los comisionados científicos de José Miguel Delgado, queda bastante bien retratada nuestra egregia institución.
Réplica del II Coloquio de Historia
En La Rioja del 19-2-86, Juan Diez del Corral, en una carta al Director, insulta al Colegio Universitario de La Rioja, como institución, y al colectivo de sus profesores. Se queja de que el Comité Científico del II Coloquio de Historia de La Rioja le rechazara un artículo. Este comité estaba formado por los doctores Moya Valgañón, Brumont, Forcadell Alvarez, Martín Bueno y los profesores de la Sección de Historia de este centro, a los que el señor Diez del Corral califica textualmente de inútiles.
Respecto al rechazo a su artículo, le diremos que, obviamente, cualquiera puede equivocarse. Ya en su día Goethe cometió el gravísimo error de infravalorar a su contemporáneo Hölderlin. Lástima que el trabajo que nos presentó no alcanzara la gracia de injuria que rezuma su carta. De haber sido así, hubiera encabezado nuestra publicación para prestigiarla.
Si persevera en esta línea satírica, para la que está tan dotado, su seguro éxito literario es de esperar que le mejore un poco el carácter.
La literatura es terapia. Su gran utilidad social radica en que la descarga de injurias en un texto libra a su autor de tener que subirse a un tejado y disparar indiscriminadamente contra los ancianos y niños de la cola del autobús.
Para ahorrarnos sangre, que siga escribiendo el señor Diez del Corral. La redacción de esta carta nos ha proporcionado el suficiente beneficio terapeútico como para dar por terminada esta utilísima polémica.
Muy cordialmente
Comisión Científica del II Coloquio de Historia de La Rioja.
Colegio Universitario de La Rioja
Réplica al Comite del CUR
Señor Director:
Ruego me permita una breve contestación al indigno escrito remitido por los “científicos” del CUR y publicado en su diario de 21 de febrero de 1986
Diré en primer lugar que no me queda otro remedio que sospechar lo peor respecto a quien da finalizada una polémica nada más comenzarla, sobre todo cuando esta polémica empieza por un insulto mío y una queja de mis oponentes por el sólo hecho de ser insultados. Al respecto les diré que mi insulto es una gran cortesía comparado con la ignorancia y el desprecio que ellos hacen de mi persona y mi trabajo en el Coloquio de Historia. La injuria es mil veces más benevolente que el olvido. Así pues, lo bueno de esta polémica es que al menos, aunque brevemente, se han vuelto a acordar de mí.
Lo grave, lo malo, lo indigno de quien la firma (por cierto ¿quien la firma?, o ¿quien la redacta con tono tan personal?, ¿quién se esconde en nombre del “Comité?) es la manera en que lo hace: al parecer, entre tanto “doctor”, tanta “ciencia” y tanta “utilidad social”, al comité de marras sólo se le ocurre la imbecilidad de decir que “la literatura es terapia”. ¿Es eso lo que les enseñan a sus alumnos?. Por mi parte, confieso humildemente que siempre he leído o escrito para enfermar, aunque a veces también he enfermado para leer o escribir... Dice Kafka (¿le conocerán?) que sólo deberíamos leer los libros que corroen y hieren en lo vivo. Nuestros historiadores, abrazándose a la ciencia, han debido olvidarse de estas cosas.
De quien no se han olvidado es de Goethe, con quien pretenden identificarse en su lamentable error respecto a Hölderlin-Diez del Corral (¡qué hermoso, otra vez estos dos apellidos juntos!). Les diré entonces lo que decía Borges en sus Prólogos: “Había hecho lo humanamente imposible para admirar a Goethe, pero me sucedió lo que a otros”.
(1) véase art. 5 del cap. 2