domingo, 14 de junio de 2026

LUIS DIEZ DEL CORRAL Y LA RIOJA


(Escribí esta nota a finales de 1998 para Carlos Muntión, quien tenía la intención de editar una revista etnográfica titulada La Piedra del Rayo. No recuerdo que lo publicara)



A comienzos de abril de este año de 1998, murió en Madrid D. Luis Díez del Corral, ilustre riojano, catedrático de Historia de las Ideas y de las Formas Políticas, letrado del Consejo de Estado, miembro y presidente durante muchos años de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, premio Nacional de Literatura, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, premio Principe de Asturias, premio Menéndez y Pelayo, Doctor Honoris Causa por la Universidad de la Sorbona y otros muchos méritos y condecoraciones que no cabe señalar para no aburrir al lector. 

En relación a La Rioja, lo más destacado de su vida es que nació aquí en 1911 y que acabado el bachillerato se fue a vivir para siempre a Madrid. Y es que la búsqueda de la sabiduría y de la universalidad que su vida puede para nosotros representar, no parece que fuera posible en una capital de provincias como Logroño, en la primera mitad de siglo. 

Luis Díez del Corral practicó desde Madrid no sólo una visión de Estado sino que en los cerrados años de la postguerra abrió para nuestro país una perspectiva europea. Su libro “El rapto de Europa” tuvo un inmediato éxito y reconocimiento internacional, que luego proseguiría con sus estudios sobre Tocqueville. 

Pasados los años, y ya en la vejez, Luis Díez del Corral, volvió la vista atrás y trató de evocar sus orígenes o de encontrar sus raíces. Volvió a La Rioja como turista ocasional ó como homenajeado, y estrechó sus lazos con los familiares de su tronco común con origen en el castillo de Anguciana. 

E incluso llegó a buscar ingénuamente algún rasgo de su infancia en La Rioja como semilla de su vocación europeísta: el texto que se ofrece a continuación, perteneciente a sus recién editadas Obras Completas (ed. Centro de Estudios Políticos e Institucionales), fué fruto de una entrevista mantenida con su discípula Carmen Iglesias en el año 1982, y parece más la manifestación de un deseo que la constatación de una verdad. 

Si Luis Díez del Corral se fue a Madrid a buscar la sabiduría y la universalidad, era porque probablemente en aquellos tiempos no había otro camino. A finales de siglo, sin embargo, con el fabuloso desarrollo de los medios de transporte y comunicación, con la descomposición de la vida de relación en las metrópolis y la disolución de los lugares en las periferias territoriales, la situación parece muy distinta. Sirvan por tanto estas halagadoras palabras suyas hacia La Rioja como testimonio de una época, y como semblanza del riojanismo imposible de Luis Díez del Corral.