domingo, 14 de junio de 2026

DANDO EL TIPO

            (El voluntarioso Decano Ramón Pérez Marrodán, cazado a lazo por los funcionarios del Colegio para evitar más vacíos de poder, salió a la prensa sin precaución y yo no me anduve con piedad. Creo que para entonces ya había pedido mi baja en el Colegio y ni siquiera me llamaron la atención por mi falta de compañerismo. Eso sí, Rubén San Pedro me escribió una carta personal muy sensata en la que reflexionaba sobre mi comportamiento con el Colegio)

 

            La vida pública de los cargos públicos suele estar restringida a su presencia física. Pocas, poquísimas veces, los cargos públicos suelen hacer lo que se llama vida pública, o sea, la de la publicación de sus opiniones. Temen con ello quedar mal, meter la pata, decir alguna tontería; vaya, jugarse el cargo.

            El anzuelo para que pique el cargo público y poder sacarle algo se llama entrevista con foto incluída. La mayoría de las entrevistas muestran la pugna entre la habilidad del periodista por sacar algo, y la astucia del cargo público por decir lo mínimo posible. No ha ocurrido así con el Decano del Colegio de Arquitectos a quien entrevistaba la directora de este periódico (ver La Rioja del Lunes de 3 de septiembre de 1990). La falta de pericia del inexperto Decano le ha llevado a decir algunas cosas bastante graves. Señalaré dos.

            La primera hace referencia a su acceso al cargo. Dice el Decano: “estaban buscando un decano-tipo, es decir, una persona que no hubiera tenido antecedentes políticos o no hubiera trabajado en la Administración, que diera una cierta imagen y no tuviera dificultad para hablar en público. Yo pensé que podía hacer algo interesante y dije que sí”. Fijense bien, excepto en la primera frase en que se menciona lo de “decano”, da la sensación de estuvieran buscando una reina para la vendimia: que dé el tipo, que tenga cierta imagen, que sepa hablar en público, y que no estuviese contaminado por la política o la Administración. Y ahí lo tenemos ya en el cargo.

            Hace poco que desde estas mismas páginas decía que la democracia en este país se parece cada vez más a la elección de “reina de la vendimia”. Las recientes noticias sobre la búsqueda de candidatos para los próximos montajes electorales así lo demuestran). Lo grave es que pequeños reductos de democracia como eran los Colegios Profesionales, imiten el modelo. Lo digo porque en épocas malas para la democracia, los colegios Profesionales fueron internamente aunténticos baluartes de la misma, cuando no una buena escuela de democracia para sus asociados. Daré un apunte personal: el talante con que el entonces decano Rubén San Pedro recibió en cierta ocasión una derrota democrática en una Asamblea del Colegio, fue para mí una de las más claras lecciones de democracia que recuerdo. Las cosas al parecer han cambiado mucho. Si quiere arreglarlo, al actual Decano le corresponde desvelar públicamente quiénes eran los que le “estaban buscando” para el cargo, o sea, los que pensaron que lo mejor era tener un decano que diese el tipo, cierta imagen, etc.

            La otra cosa grave, muy grave, que dice el nuevo Decano del Colegio de Arquitectos es que la arquitectura es una profesión de élite, que el “mensaje” de la arquitectura no puede asumirlo cualquiera (supongo que quería decir “entenderlo”). La admiración incondicional por el arquitecto que más sale en las revistas de moda, completa el panorama de su opinión. Como es habitual, cuando hay poco que hablar de asuntos públicos, al final la entrevista se desliza hacia temas privados sobre los que en este país sí que se habla públicamente sin rubor.

            Parece ser que el ejercicio de la arquitectura se debate entre el servicio a la obtención de mayores rendimientos para el capital y el autoservicio a la popularidad del propio arquitecto dentro del starsystem. Si el anterior Decano representaba de un modo tácito la primera tendencia, el actual parece decantarse expresamente por la segunda. En mi opinión no hemos mejorado mucho. El Colegio seguirá en su limbo sin explicar a la ciudadanía el por qué de su actitud y de sus colegiados arquitectos en la actual configuración de la ciudad. Son cosas que al parecer los ciudadanos no pueden llegar a entender. Mientras tanto (cito el célebre párrafo de Bruno Zevi) “todo el mundo es dueño de apagar la radio, desertar de los conciertos, aborrecer el cine y el teatro o no leer un libro, pero nadie puede cerrar los ojos frente a todas las edificaciones que integran la escena de la vida ciudadana”.

            No sabemos quien busca o cómo se busca un cargo público, ni cómo se explican las formas de la ciudad. No parece voluntad de aclararlo. Día a día la vida en la provincia retorna a su ancestral oscuridad. Se hace menos pública. Menos publicada.