(Escrita en enero de 1989, no fue publicada)
En la pasada noche del 27 de enero, el Colegio de Arquitectos de nuestra ciudad y el Cultural Rioja, en partido de rivalidad regional, compitieron en la inauguración de sendas exposiciones de arte con el abultado resultado a favor de los arquitectos que refleja el marcador.
Del pésimo juego del Cultural mejor no hablar. Es posible que padezca el síndrome de esos clubs mediocres que cuando estrenan campo nuevo no dan una a derechas, pues lo cierto es que desde que se inauguró la sala Amós Salvador, entre su frío suelo y su techo industrial no se han colgado de sus blancas paredes sino esas birrias de pinturas que, desde el último Miró, confunden a gran formato la abstracción con la simpleza.
Deleitémonos pues en comentar el juego de don Secundino Zuazo, que con su buen hacer ha contribuido notablemente al éxito de los suyos. La exposición que le dedica el COAR está en la línea de sacar a la luz más el trabajo del despacho que el resultado construido del mismo, actitud ésta absolutamente encomiable: si las revistas de arquitectura se dedican a epatar a la gente gracias a los trucos de hábiles fotógrafos (verbigracia: hay dos ayuntamientos de Logroño, el de las fotos de las revistas y el de verdad); si la arquitectura, como decía Zevi, hay que recorrerla personalmente para poder entenderla y disfrutarla en todas sus dimensiones y aspectos, es decir, que si se quiere ver la arquitectura de Zuazo lo que hay que hacer es visitarla allí donde se encuentre; a una exposición de arquitectura sólo le compete, para ser de gran interés, mostrar los dibujos del arquitecto y de su despacho. Y así, a través de los croquis iniciales observaremos los primeros pasos de la gestación de un edificio; merced a los planos a lápiz o tinta descubriremos el desarrollo de las ideas; con las hermosas perspectivas reviviremos esos tensos momentos de la seducción al cliente; y en fin, con los detalles constructivos podremos disfrutar de la previsión y correción técnica del paso del dibujo a la obra.
A quien pueda pensar que la exhibición de todo este proceso no es sino simple exhibicionismo o voyeurismo profesional, le contestaré que al igual que en el fútbol, el mal aficionado se fija sólo en los goles, mientras que los buenos entendidos son los que saben apreciar la belleza de las tácticas y de las jugadas.
Desde los célebres grabados de Piranesi sabemos que la arquitectura dibujada ya no es sólo un medio para construir edificios, sino también un fín en sí misma, cuando no un modo de teorizar. Y por si fuera poco el valor de las propuestas, las reflexiones o ensoñaciones contenidas en ellos, de vez en cuando las exposiciones de arquitecturas dibujadas valen la pena por la belleza misma de los propios dibujos (y a la vista están los precios que empiezan a cotizarse por la obra gráfica de los arquitectos).
Dado el estrecho aforo que deben soportar quienes se acerquen a contemplar los dibujos de Zuazo, debiendo agacharse a veces excesivamente para observar un hermoso detalle, o teniéndose que cruzar en reducidos espacios con otros visitantes, este aficionado vería acertado que la Federación correspondiente trasladase a la sala de la antigua Tabacalera los dibujos de Zuazo, a la vez que metiera en los sótanos de la casa de la Inquisición los lienzos de la Bienal.