(En septiembre de 1986, mi oponente en polémicas, José Manuel Ramírez estaba muy tocado políticamente y tuve que salir a las Cartas al Director en su defensa)
Sr. Director:
Leo en el periódico que Vd. dirige, que luchas intestinas en el seno del partido gobernante han venido a poner en juego el cargo de mi conocido enemigo José Manuel Ramírez, a la sazón, Director Regional de Cultura. Y lo leo con cierto estupor por cuanto que la mayor acusación que esgrimen sus detractores resulta ser, sin embargo, una de sus mejores virtudes políticas, a saber, su afán polémico frente a otras instituciones e incluso, ante los propios ciudadanos que le llevan la contraria.
Si la “cultura” venía siendo en nuestra provincia poco más que un subtítulo de programa de televisión, y la “política” esa misma actividad turbia de siempre, ejercida desde arriba por unos cuantos oportunistas metidos a próceres ambiciosos, José Manuel Ramírez ha sido en estos años, por el contrario, uno de los pocos personajes que han devuelto la dignidad al ejercicio de ambas actividades: ha hecho de la cultura una actividad central de gobierno y la ha abierto en todo momento a la polémica o el debate.
Obvio es que no comparto ni el modo de entender la cultura en general o el tema del patrimonio en particular, ni la manera de llevar las polémicas del actual Director Regional, pero eso son cuestiones menores ante el gran mérito que para mí suponen una fogosidad cultural y una alta conciencia democrática que hacen posible, hoy y aquí, una cultura y una política realmente vivas.
Era Nietzsche quien por boca de Zaratustra (o Zaratustra por boca de Nietzsche si se prefiere...) quien instaba a tener buenos enemigos antes que mediocres amigos. Desde luego, ante amigos “de toda la vida” que por haber accedido a un alto cargo político te escatiman el saludo o pasan a tu lado haciendo como que no te han visto, yo sinceramente prefiero a enemigos de la talla cultural y de la generosidad política de José Manuel Ramírez.