domingo, 14 de junio de 2026

¡HAGAN JUEGO, SEÑORES!


(De mis pocos artículos publicados en el año 1995, está esta nota a los premios COAR de Arquitectura. Salió en La Rioja de 1 de abril de 1995)


“La arquitectura es un lenguaje difícil de entender” decía Carlo Scarpa en un escrito bellamente titulado ¿Puede ser poesía la arquitectura?  ; y en tanto que ininteligible o críptica, muy pocos hacen el esfuerzo de leerla o desentrañarla. Los premios de arquitectura cobran de este modo la importancia de faros orientadores. De tanto en tanto, un Jurado de “expertos” interpreta los extraños signos que emiten los edificios y dicen: premio para éste o diploma para aquél.

Desde hace ya unas décadas, los premios que en Barcelona otorga la asociación ADI/FAD a los mejores edificios, mejores obras de interiorismo, mejores objetos diseñados, y últimamente también, mejor rehabilitación del año, constituyen un acontecimiento cultural de primera magnitud, de modo que nadie medianamente culto allí, ignora, al menos, una docena de obras premiadas de los últimos años.

A falta de asociaciones para el fomento del diseño, los Colegios de Arquitectos han asumido en el resto de España la papeleta de conceder unos premios que trascienden su papel institucional de otorgador de visados legales, y que dan un toque de atención a la ciudad diciendo que los arquitectos existen y que algunos lo hacen mejor que otros. Es una papeleta difícil porque tradicionalmente los Colegios son entidades corporativas que no gustan de hacer distinciones públicas entre sus miembros. Inclusive se podría asegurar que muchos arquitectos no presentan sus obras al dictamen del Jurado por la ausencia de deseo de notoriedad, o dicho de otro modo: quien en un colectivo antiguo y gremial envía sus obras a concurso puede ser mal visto por su afán de protagonismo. Los premios devienen así bastante imperfectos aunque, en todo caso, y como decíamos antes, no dejan de ser una luz indicativa de ciertos valores de la arquitectura.

Pero ¿cuáles son precisamente los valores sobre los que se premia?. En el Acta del Jurado de los premios del Colegio de Arquitectos de La Rioja de este año aparecen tres distintos: a uno le premian por su valentía a la hora de intervenir en el patrimonio (Casa de Cultura en Nájera), a otro, por todo lo contrario, es decir, por su respeto absoluto al edificio a rehabilitar (horno en San Andrés), y al tercero, de nueva planta, por no hacer cosas raras y ser muy “contenido” (14 viviendas unifamiliares en Logroño, avda. Madrid 91-95). Para un público inexperto ¿no podría ello inducir a confusión más que a claridad?

En el libro de arquitectura más hermoso que conozco, El modo intemporal de Construir  de Christopher Alexander, se asegura que la diferencia entre un buen edificio y un mal edificio “es una cuestión objetiva” que se corresponde con la diferencia entre la salud y la enfermedad, lo feliz y lo infeliz, lo vivo o lo desolado. Deduzco de ello que es muy difícil y acaso errático premiar a un edificio, justo cuando acaba de nacer. 

Es decir, que la entrega de estos premios quizás no sea otra cosa, y así habrá que entenderlo, que la arriesgada apuesta arquitectónica de cinco miembros de un Jurado.