(Por su brevedad, esta pequeña nota apareció publicada en la sección Cartas al Director del diario LA RIOJA el 11 de marzo de 1984)
No
sé si se trata de sincera ingenuidad, de despiste de lo que un cargo público
representa, o de falta de consideración hacia los ciudadanos. El hecho cierto
es que los dos Consejeros de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del
gabinete De Miguel lo primero que han manifestado a la prensa tras su
nombramiento, es que se sentían muy sorprendidos por el mismo.
La
sorpresa puede ser, bien porque uno no tenga nada que ver con el Partido que
gobierna, bien porque nada tenga que ver profesionalmente con la materia de la
que le hayan hecho Consejero, o bien porque, además, no tenga nada que ver con
la Comunidad Autónoma a la que a uno, de repente, le llaman.
En
el caso del recién nombrado Consejero de Ordenación del Territorio y Medio
Ambiente la sorpresa debe haber sido mayúscula pues “se declara independiente”,
“se dedica al marketing”, y “conocía La Rioja por amistad...” (La Rioja 1 de
marzo de 1984, pag. 1 y La Rioja 9 de marzo pag. 3). Todo un record.
No
voy a entrar en el polémico debate (que a la vista de los hechos no parece
acabarse nunca) de si los políticos valen lo mismo para la cartera de Hacienda
que para la de Educación o la de Agricultura. Versátiles que son ellos. Pero sí
quiero hacer constar que si hay una cartera en la que andar de comodín puede
resultar especialmente preocupante, esa es la de Ordenación del Territorio y
Medio Ambiente.
La
política económica puede quizás hacerse a la vista de los manuales o de las
tendencias de las Bolsas de Madrid y Nueva York, la política educativa puede
hacerse estudiando y aplicando en un despacho los últimos avances en
pedagogía,..., pero la política territorial sólo y únicamente puede realizarse
desde un profundo y detenido estudio del territorio.
Sorpresas
al margen, creo que el nuevo Consejero va a necesitar en su sueldo un plus para
gasolina.