domingo, 14 de junio de 2026

LOS CENTROS DE ASESORAMIENTO TECNOLOGICO (CAT) DE LOS COLEGIOS OFICIALES DE ARQUITECTOS.

            (Publicado en un suplemento de Construcción del Diario 16 en La Rioja en otoño de 1996)


            A diferencia de otros paises occidentales, las Escuelas Superiores de Arquitectura de España mantienen una tradición educativa de universalidad y equilibrio entre los estudios estéticos y los tecnológicos, de manera que a las difíciles asignaturas de Proyectos, Composición o Estética les siguen las no menos arduas de Estructuras, Construcción e Instalaciones. Es ésta una tradición generalista no alcanzada o perdida en no pocos paises europeos y americanos que, bien por estar anclados en formaciones académicas, o bien por seguir de modo apresurado la tendencia general de nuestro tiempo, no han salido nunca, o han optado luego, por la formación especializada.

            Pero a estas alturas del siglo es frecuente oir voces y escritos de elogio procedentes de esos países extranjeros, hacia la formación y la figura del arquitecto español, en tanto que la compartimentación de saberes y la especialización no encajan con una profesión que se define y valora por la amplitud de perspectivas y la capacidad de síntesis.

            Son elogios que no nos engañan ni nos hacen caer en la autocomplacencia pues muy bien sabemos que mantenerse al día en una generalidad de conocimientos crecientes y cambiantes, a la velocidad de vértigo que imprimen el mercado o la investigación, es tarea difícil, y acaso imposible, sobre todo en esa área formativa que denominamos “tecnológica”.

            Para paliar esas dificultades el arquitecto español en ejercicio ha tenido que recurrir en no pocos casos a la asociación con otros profesionales, o con otros arquitectos que renunciando a sus orígenes se han especializado en un área o tema concreto.

            Ahora bien, en una Comunidad pequeña como la de La Rioja, donde los proyectos con tecnología punta son escasos, subsiste aún el despacho del arquitecto individual, con un tipo de asistencia técnica suministrada, las más de las veces, por las empresas de producción de materiales o por los propios instaladores. Y así, es frecuente encontrarse, en la fase de proyecto,  con que el cálculo de estructuras de hormigón armado se haga fuera del despacho o sea realizado por los fabricantes de forjado; que el expediente de una calefacción sea subcontratado a un estudio de ingeniería o lo realice la propia casa instaladora, y así sucesivamente. En la fase de dirección de obra, sin embargo, el arquitecto se encuentra mucho más aislado en el control técnico de la ejecución, a pesar del apoyo que le puedan brindar los aparejadores o los arquitectos técnicos prescriptivos en la obra.

            A fin de apoyar a este arquitecto que se resiste a abandonar con entereza lo más singular de su profesión, es decir, el carácter generalista de la misma; para poner un poco de orden en la ingente información técnica y comercial que cada día recibe en su despacho del mundo empresarial de la construcción; para asesorarle en el proyecto y en la dirección de obra;  o incluso para asistirle en la modernización informática de sus procesos de trabajo, los Colegios de Arquitectos de España vienen creando y desarrollando una infraestructura interna, interconectada y coordinada a nivel nacional, llamada genéricamente “Centros de Asesoramiento Tecnológico”, o familiarmente “CAT”.

            Uno de los impulsores de esta idea y actual coordinador nacional de los CAT es nuestro compañero Jesús Marino Pascual Vicente, a quien he tenido el honor de sucederle  en el cargo de Decano del Colegio de Arquitectos de La Rioja. En su labor creativa y coordinadora está apoyado por el Catedrático de Construcción de la Escuela de Arquitectura de San Sebastian, el arquitecto Luis Arizmendi. El responsable de la oficina del CAT del Colegio de Arquitectos de La Rioja es el también arquitecto Ernesto Reiner. El CAT-COAR dispone también de un servicio de Cálculo y Asesoramiento de Estructuras a cargo del arquitecto Jose Luis Gutierrez.

            Pero, ¿qué puede interesar a la opinión pública o al sector de la construcción los entresijos de la organización colegial de los arquitectos?. ¿Es este un asunto de organización interna, un servicio particular de los arquitectos, o puede tener alguna repercusión exterior?.

            A través de la creación de esta infraestructura de servicio tecnológico a los arquitectos ha de verse, en primer lugar, que este colectivo no renuncia en absoluto al conocimiento y control de los aspectos técnicos de la construcción. Fuera del ámbito cultural, la tecnología es un arma peligrosa puesta siempre al servicio de una rentabilidad inmediata o, aún peor, subida al pedestal de una nueva fé que cree que toda solución pasa por su utilización. Los arquitectos creemos, sin embargo, que la tecnología no es sino una parte de los saberes aplicables al proyecto de edificación, una parte más de la cultura arquitectónica. “La desvinculación entre la técnica constructiva y el proceso de proyecto se acepta hoy con tanta naturalidad -dice Ignacio Paricio Ansuategui en su extraordinario libro “La Construcción de la Arquitectura”- que se hace necesario intentar recuperar por la vía de la argumentación la estrecha relación entre técnica y proyecto que ha existido en casi toda la historia de la arquitectura ”. Mas allá de los argumentos de un libro, los CAT son, en efecto, toda una plasmación de ese deseo de síntesis.

            Así pues, toda aquella empresa, instalador o distribuidor de materiales o técnicas de la construcción, e incluso todo comercial de tecnología de trabajo de oficinas, tiene ya en el Colegio de Arquitectos un punto de recepción de información, desde el que se irradiará a todo el colectivo con la garantía del análisis y la contrastación. Además del asesoramiento e información elaborada por los CAT para los arquitectos colegiados, éstos se encargan también de la organización de las charlas y cursillos que configuran los programas de Formación Permanente del Arquitecto en su vertiente tecnológica, y en los que no pocas veces, los protagonistas son los propios fabricantes y suministradores de materiales y novedades tecnológicas.

            Finalmente decir que, pensando en el futuro, esta infraestructura colectiva de información e investigación en la que los arquitectos están invirtiendo no pocos recursos, trabaja ya en un tema de amplias repercusiones sociales y económicas como es el “control de calidad de los proyectos y la edificación ”, que irá adquiriendo forma y sentido a medida que se aclare el panorama de las responsabilidades y los seguros de todos los agentes que intervienen en la construcción. El nacimiento de empresas de certificación de calidad para la garantía de la construcción o para la contratación de pólizas de seguros, es un tema que marcará en los próximos años buena parte del trabajo de esta plataforma colegial que no tiene otro objetivo que recuperar o mantener el prestigio de la profesión en el campo tecnológico. Un esfuerzo que, a la postre, redundará en una mayor calidad constructiva de la edificación y en un mejor servicio a la sociedad.