(Publicado en un suplemento de Construcción del Diario 16 en La Rioja en otoño de 1996)
A
diferencia de otros paises occidentales, las Escuelas Superiores de
Arquitectura de España mantienen una tradición educativa de universalidad y
equilibrio entre los estudios estéticos y los tecnológicos, de manera que a las
difíciles asignaturas de Proyectos, Composición o Estética les siguen las no
menos arduas de Estructuras, Construcción e Instalaciones. Es ésta una
tradición generalista no alcanzada o perdida en no pocos paises europeos y
americanos que, bien por estar anclados en formaciones académicas, o bien por
seguir de modo apresurado la tendencia general de nuestro tiempo, no han salido
nunca, o han optado luego, por la formación especializada.
Pero
a estas alturas del siglo es frecuente oir voces y escritos de elogio
procedentes de esos países extranjeros, hacia la formación y la figura del
arquitecto español, en tanto que la compartimentación de saberes y la
especialización no encajan con una profesión que se define y valora por la
amplitud de perspectivas y la capacidad de síntesis.
Son
elogios que no nos engañan ni nos hacen caer en la autocomplacencia pues muy
bien sabemos que mantenerse al día en una generalidad de conocimientos
crecientes y cambiantes, a la velocidad de vértigo que imprimen el mercado o la
investigación, es tarea difícil, y acaso imposible, sobre todo en esa área
formativa que denominamos “tecnológica”.
Para
paliar esas dificultades el arquitecto español en ejercicio ha tenido que
recurrir en no pocos casos a la asociación con otros profesionales, o con otros
arquitectos que renunciando a sus orígenes se han especializado en un área o
tema concreto.
Ahora
bien, en una Comunidad pequeña como la de La Rioja, donde los proyectos con
tecnología punta son escasos, subsiste aún el despacho del arquitecto
individual, con un tipo de asistencia técnica suministrada, las más de las
veces, por las empresas de producción de materiales o por los propios
instaladores. Y así, es frecuente encontrarse, en la fase de proyecto, con que el cálculo de estructuras de hormigón
armado se haga fuera del despacho o sea realizado por los fabricantes de
forjado; que el expediente de una calefacción sea subcontratado a un estudio de
ingeniería o lo realice la propia casa instaladora, y así sucesivamente. En la
fase de dirección de obra, sin embargo, el arquitecto se encuentra mucho más
aislado en el control técnico de la ejecución, a pesar del apoyo que le puedan
brindar los aparejadores o los arquitectos técnicos prescriptivos en la obra.
A
fin de apoyar a este arquitecto que se resiste a abandonar con entereza lo más
singular de su profesión, es decir, el carácter generalista de la misma; para
poner un poco de orden en la ingente información técnica y comercial que cada
día recibe en su despacho del mundo empresarial de la construcción; para
asesorarle en el proyecto y en la dirección de obra; o incluso para asistirle en la modernización
informática de sus procesos de trabajo, los Colegios de Arquitectos de España
vienen creando y desarrollando una infraestructura interna, interconectada y
coordinada a nivel nacional, llamada genéricamente “Centros de Asesoramiento
Tecnológico”, o familiarmente “CAT”.
Uno
de los impulsores de esta idea y actual coordinador nacional de los CAT es
nuestro compañero Jesús Marino Pascual Vicente, a quien he tenido el honor de
sucederle en el cargo de Decano del
Colegio de Arquitectos de La Rioja. En su labor creativa y coordinadora está
apoyado por el Catedrático de Construcción de la Escuela de Arquitectura de San
Sebastian, el arquitecto Luis Arizmendi. El responsable de la oficina del CAT
del Colegio de Arquitectos de La Rioja es el también arquitecto Ernesto Reiner.
El CAT-COAR dispone también de un servicio de Cálculo y Asesoramiento de
Estructuras a cargo del arquitecto Jose Luis Gutierrez.
Pero,
¿qué puede interesar a la opinión pública o al sector de la construcción los
entresijos de la organización colegial de los arquitectos?. ¿Es este un asunto
de organización interna, un servicio particular de los arquitectos, o puede
tener alguna repercusión exterior?.
A
través de la creación de esta infraestructura de servicio tecnológico a los
arquitectos ha de verse, en primer lugar, que este colectivo no renuncia en
absoluto al conocimiento y control de los aspectos técnicos de la construcción.
Fuera del ámbito cultural, la tecnología es un arma peligrosa puesta siempre al
servicio de una rentabilidad inmediata o, aún peor, subida al pedestal de una
nueva fé que cree que toda solución pasa por su utilización. Los arquitectos
creemos, sin embargo, que la tecnología no es sino una parte de los saberes
aplicables al proyecto de edificación, una parte más de la cultura
arquitectónica. “La desvinculación entre
la técnica constructiva y el proceso de proyecto se acepta hoy con tanta
naturalidad -dice Ignacio Paricio Ansuategui en su extraordinario libro “La
Construcción de la Arquitectura”- que se
hace necesario intentar recuperar por la vía de la argumentación la estrecha
relación entre técnica y proyecto que ha existido en casi toda la historia de
la arquitectura ”. Mas allá de los argumentos de un libro, los CAT son, en
efecto, toda una plasmación de ese deseo de síntesis.
Así
pues, toda aquella empresa, instalador o distribuidor de materiales o técnicas
de la construcción, e incluso todo comercial de tecnología de trabajo de
oficinas, tiene ya en el Colegio de Arquitectos un punto de recepción de
información, desde el que se irradiará a todo el colectivo con la garantía del
análisis y la contrastación. Además del asesoramiento e información elaborada
por los CAT para los arquitectos colegiados, éstos se encargan también de la
organización de las charlas y cursillos que configuran los programas de
Formación Permanente del Arquitecto en su vertiente tecnológica, y en los que
no pocas veces, los protagonistas son los propios fabricantes y suministradores
de materiales y novedades tecnológicas.
Finalmente
decir que, pensando en el futuro, esta infraestructura colectiva de información
e investigación en la que los arquitectos están invirtiendo no pocos recursos,
trabaja ya en un tema de amplias repercusiones sociales y económicas como es el
“control de calidad de los proyectos y la edificación ”, que irá adquiriendo
forma y sentido a medida que se aclare el panorama de las responsabilidades y
los seguros de todos los agentes que intervienen en la construcción. El
nacimiento de empresas de certificación de calidad para la garantía de la
construcción o para la contratación de pólizas de seguros, es un tema que
marcará en los próximos años buena parte del trabajo de esta plataforma
colegial que no tiene otro objetivo que recuperar o mantener el prestigio de la
profesión en el campo tecnológico. Un esfuerzo que, a la postre, redundará en
una mayor calidad constructiva de la edificación y en un mejor servicio a la
sociedad.