domingo, 14 de junio de 2026

PLAN GENERAL DE ORDENACION URBANA DE LOGROÑO 1983


(Algunos conceptos vertidos en este informe o alegación, redactada para la Cámara de Comercio y no publicada en prensa, fueron sin embargo ampliamente utilizados durante el debate del Plan y se han hecho casi habituales cada vez que se presenta un nuevo Planeamiento en Logroño) 


Los contenidos de un Plan General de Ordenación Urbana son múltiples y variados, y a todos ellos ha de prestar atención y dar respuesta, pero de entre todos, hay dos aspectos fundamentales que destacan en importancia y que el Plan debe ineludiblemente proponer: 

- en primer lugar, definir un “modelo de ciudad”; ofrecer una idea e incluso una imagen de ciudad.

- en segundo lugar, proponer un acuerdo entre las fuerzas sociales que operan y viven en la ciudad en torno al modelo proyectado. 

Gran parte de las decisiones que se tomen en el Plan, gran parte de sus contenidos, por no decir todos, han de estar referidos a estos dos objetivos fundamentales, que han de ser su marco y justificación.

Pues bien, el primer gran defecto del Plan General de Ordenación Urbana de Logroño es, en principio, el no definir, el no exponer clara y explícitamente, cuál es el modelo de ciudad que se propone para Logroño.

No hay un “modelo” que encuadre y dé justificación a posteriores decisiones sino que, al revés, es a través de esas múltiples y variadas decisiones, tras una dificultosa labor de síntesis, como podemos llegar al final a acercarnos, a vislumbrar, más que a descubrir, cuál es el “modelo” propuesto. Y eso de por sí, ya es grave.

Se arrastra en este sentido un defecto que provenía del anterior Plan Comarcal: el anterior Plan sí proponía una idea de ciudad (incluso una “imagen”, como se decía en su memoria) que arrancaba de su misma concepción supraterritorial que, sin embargo, quedaba indeterminada por el excepcional grado de flexibilidd que se preveía para su desarrollo.

Los elementos básicos de esa “imagen” o “modelo” de Logroño eran un “núcleo compacto sobre una base reticulada que engloba el casco de Logroño”, y un “desarrollo lineal sobre el eje de la carretera de Soria, uniendo Logroño con Lardero” (de la Memoria del Plan Comarcal, ed. municipal, cap. Estructura Urbana pag. 35)

El desarrollo de ese núcleo compacto ha sufrido las consecuencias, poco tendentes a la compacidad, del planeamiento parcial. De entre este planeamiento parcial, por su tamaño e importancia sobre la totalidad de la imagen de la ciudad, ha destacado el Plan Parcial del Area Interior (casi coetáneo al mismo Plan Comarcal), que básicamente mantenía el modelo procedente del Plan de Alineaciones de 1958: un Ensanche denso, sin previsión de equipamientos públicos y poco respetuoso con las edificaciones preexistentes.

El Casco Antiguo se estudió como un paquete aparte, independiente, y del mismo modo se han ido acometiendo otros paquetes urbanos de la periferia, completando así ese “nucleo compacto” pero algo desarticulado de Logroño.

La propuesta de la ciudad lineal entre el núcleo compacto y Lardero se configuraba en base a unos potentes viales en dirección Norte-Sur que envolvían supermanzanas de suelo de reserva urbana a desarrollar también mediante Planes Parciales. 

Ese intento de romper con el modelo radiocéntrico de ciudad ha quedado claramente desvirtuado por la pérdida del ámbito comarcal que lo posibilitaba y porque, en el fondo, la autopista viene a ser, una vez más, una nueva envolvente, aunque esta vez suficientemente alejada, de la ciudad radiocéntrica. 

Roto y desvirtuado el modelo propuesto por el Plan Comarcal, proponer, como se dice en la Memoria del Plan General, que el modelo ó estructura orgánica es similar a la del Plan Comarcal es una auténtica falacia, o lo que es peor, es venir a decir que no hay ningún modelo de ciudad propuesto en el presente Plan.

Sin embargo, este grave defecto debe pesar sobre la conciencia del planificador cuando en otros temas del Plan retoma la idea de la “estructura de la ciudad”. Así, se llega a proponer al río Ebro como elemento “estructurador de la ciudad”, llegando a un punto que no creo que nadie, ni el mismo planificador, se lo vaya a creer: a una ciudad que ha ido creciendo de espaldas al río durante siglos y a la que se le han ido muriendo las zonas aledañas a éste, no se le puede hacer ir hacia el río mediante un simple enunciado, y menos decir que éste sea un elemento estructurador, al menos mientras no se tomen medidas más decididas que la creación de una simple pasarela peatonal...

El Plan carece de una idea de ciudad, de una imagen o de un modelo al que acercarse mediante el desarrollo y la dinámica de los próximos años. 

Se parte de una ciudad existente para, al final, llegar a plantear como modelo... ¡la propia ciudad existente!,...aunque congelada en buena parte. Y esto va a tener preocupantes consecuencias a la hora de entrar a considerar el nivel de acuerdo entre las fuerzas sociales que operan sobre la ciudad que el Plan también debe preveer.

A primera vista, un Plan que no abre mayores expectativas que las de la consolidación de la ciudad existente es un Plan claramente tendente a una mayor especulación y encarecimiento del escaso suelo urbano disponible, lo que hará, paradójicamente con los deseos del planificador, que dicha ciudad nunca se acabe de consolidar en tanto que sus solares sean fuentes de expectativas y por tanto de operaciones especulativas.

En segundo lugar, en la Memoria del Plan (pag. 56) se hace constar que “el sector de la construcción, examinado globalmente, no parece atravesar una crisis”, afirmación que se sostiene única y exclusivamente con el dato de la evolución del número de licencias de viviendas solicitadas al ayuntamiento en los últimos once años. 

Resulta sorprendente tal tesis cuando en los medios profesionales e informativos no se habla de otra cosa que de crisis en el sector. La razón de tal desacuerdo, parece obvio, está en aclarar qué se entiende por crisis. Si además del número de licencias de viviendas se analizasen otras actividades del sector, el número de empresas, mecanización, el número de quiebras, el número de parados en el sector, la reducción del movimiento de capital financiero en promoción y construcción, etc., quizás el planteamiento sería más realista, y quizás también el Plan respondería mejor a crear las condiciones para la salida de una crisis cierta dentro de un modelo de operaciones acorde con la propia dinámica del sector y con sus propias posibilidades de reestructuración y modernización.

En tercer lugar, y dentro aún del análisis del acuerdo que el Plan ofrece entre las fuerzas sociales que operan en la ciudad, hay que destacar que el Programa de Actuación del Plan juega fortísimo a involucrar al resto de las Administraciones Públicas.

Sabido es que en el espíritu de la Ley del Suelo de 1976 se contempla la obligatoriedad del cumplimiento de los Planes Urbanísticos para las diferentes Instituciones Públicas; pero una cosa es esa obligatoriedad referida a las prescripciones del Plan y otra muy distinta es la involucración activa de esas Instituciones en el marco de la ciudad. Mucho nos tememos que los planes de los distintos Departamentos y Administraciones no vayan por el alegre camino que se les señala desde la Administración Municipal.

Y para ilustrar esto último voy a comentar un ejemplo: para construir uno de los elementos más espectaculares del Plan, el Parque de los Cuarteles, se propone un gasto municipal de 70 millones en los años 5º y 6º del Programa, mientras que se pide al Ministerio de Defensa (se obliga, si nos atenemos al carácter obligatorio de los Planes) que en esos mismos años efectúe un gasto de 1.000 millones  en unos nuevos cuarteles y dependencias militares fuera de la ciudad. ¿Está esto acordado en alguna parte?. En el Plan desde luego no se menciona acuerdo alguno, y eso nos hace dudar de su viabilidad.

El Plan, nacido de la propia Oficina Técnica que ha ido gestionando las diversas actuaciones que han desarrollado el anterior Plan, parece que debería recoger todas las aspiraciones allí expresadas a lo largo de los últimos nueve años. Sin embargo, mucho nos tememos que no sea así. Y la primera muestra de ello ha sido, al parecer, la apresurada y ajetreada aprobación inicial del mismo.

Más nos parece el Plan un documento que ordena la gestión de la Unidad Técnica de Urbanismo del Ayuntamiento de Logroño en aquellos aspectos que el anterior Plan dejaba indeterminados, que no una sínteis de los intereses de los diversos grupos y fuerzas ciudadanas sobre un modelo propuesto de ciudad.

Y en tal sentido, eludiendo compromisos, el Plan se orienta hacia un ideal de ciudad basado en el cumplimiento de los standares urbanísticos y hacia un enfoque global surgido de un empacho de Ley del Suelo. Uno de los riesgos más graves que se produce con la aparición de las leyes es el de simplificar o reducir la riqueza de los fenómenos sociales y humanos a términos jurídicos. Si nadie admitiría hablar de la vida humana en términos del Código Penal, nadie debería tampoco admitir el reducir el Urbanismo a la Ley del Suelo. Lo que no significa, por supuesto, que haya que transgredir ni el Código Penal ni la Ley del Suelo. 

Y algo o mucho de esa reducción de la ciudad a aspectos legales es lo que hay en el presente Plan: a cambio de no ofrecer un modelo, una imagen, unas espectativas a los diferentes sectores sociales de la ciudad, en suma, una ilusión, un “plan”, -como la propia palabra significa en su uso convencional-, se ofrece un arduo y monolítico documento técnico que busca la adecuación de la actual realidad urbana a la Ley del Suelo de 1976 con ligeros retoques aquí y allá.

Hay una frase en la Memoria del Plan sumamente reveladora al respecto, y que aunque referida a la zona del Plan Parcial del Area Interior puede fácilmente extrapolarse a la globalidad del Plan. Dice así: “Ante la disyuntiva de mantener la ordenación en vigor o reducir con carácter general las alturas, se ha optado por acomodar el planeamiento a la realidad existente”. Todo un talante, toda una declaración de intenciones.

Pero ni siquiera eso, pues continuando con la frase anterior leemos que: “examinando las circunstancias de cada fragmento del tejido urbano (...) en unas zonas se ha optado por continuar con la renovación, mientras que para otras la propuesta se adecúa a la edificación existente”. Y aquí es donde caben las preguntas más duras al Plan: ¿con qué criterios se ha hecho esta discriminación ?, ¿qué pautas se han seguido para agraciar a unos y perjudicar a otros?. Porque no me creo que aludan a la conservación monumental cuando se cargan edificios tan interesantes como la casa donde se ubica la sede central del Banco de Vizcaya; no me creo que aludan a evitar el despilfarro de edificaciones cuando se hacen desaparecer bomberos, cuarteles y los excelentes edificios que albergan al Gobierno Militar y dependencias anexas; no me creo que aludan a excesivas densidades cuando se mantienen intactas las edificabilidades del Estudio de Detalle del Parque del Carmen o de la manzana comprendida entre la estación de ferrocarril y la calle Pío XII; etc. etc. etc.

Poco o nada de estas razones se aclaran en el Plan, Y es por aquí por donde se vislumbran ciertas injusticias o falta de un reparto equitativo de cargas y beneficios en el Plan, y en definitiva, por donde se hacen justificables todo tipo de alegaciones particulares.