(El 27 de agosto de 1990 La Rioja del Lunes me publicaba este hilván veraniego entre dos noticias. Con él no conseguí torcer el rumbo de la Expo, pero en los sucesivos años, al menos, se cambió la denominación de “Reina democrática de la vendimia”)
Cuando hace tan sólo siete años se habló de que Ricardo Bofill iba a ser el arquitecto de la Expo 92, la opinión arquitectónica española se echó las manos a la cabeza: la arquitectura de un evento tan importante no podía dejarse en manos de un feriante de la arquitectura. Desde la Ventana Cultural de La Rioja (17 de febrero de 1984) yo me mostré, sin embargo, partidario de la designación de Bofill por aquello de la coherencia entre feria y feriante y porque, -decía entonces-, “al fin y al cabo cuando se termine la exposición todo se desmontará y aquí no habrá pasado nada”.
Eran tiempos en que todavía la arquitectura era aún entendida como un oficio discreto o como una disciplina cultural y social. Siete años después el número de émulos de Bofill se ha disparado de tal manera (sólo hay que darse una vueltecita por el extrarradio de Logroño para comprobarlo), que para escoger al arquitecto del pabellón riojano en la Expo 92 ha habido que montar previamente y a nivel local una pequeña “feria de arquitectos”.
La coincidencia entre dicha feria y la elección de la “reina democrática” de la vendimia riojana (el Ayuntamiento parece no tener vergüenza en las denominaciones), han animado las noticias locales del aburrido agosto logroñés y, para quien tenga imaginación, le han proporcionado divertidas semejanzas.
Al fin tenemos “reina democática” pero aún no tenemos arquitecto para la feria, pues en esta elección hay incluso una segunda vuelta. En ambos casos ya se han producido los habituales descartes, que crean en sus afectados/as no poca desilusión, tristeza, e incluso llanto (ver La Rioja de 18 de agosto, o cruzarse por la calle con cualquiera de los arquitectos rechazados). Pero la desilusión, la tristeza, e incluso el llanto, se le producen a quien es un poco sensible cuando ve espectáculos tan lamentables como los reseñados. Dejo el análisis del concurso de chicas para otra ocasión y dedico dos palabras al de los arquitectos.
Las Exposiciones Universales, desde hace ya muchos años, han dejado de ser ocasión para cualquier arquitectura medianamente digna. Cualquier documentado sabe que después de París de 1937, las Exposiciones Universales no han producido más que engendros de la más pobre de las arquitecturas: aquella que se llama arquitectura-espectáculo. Y no sólo eso. La repercusión informativa de las Ferias Mundiales ha ido consiguiendo que la arquitectura espectáculo se imponga hasta el punto de que las ciudades, poco a poco, vayan pareciéndose cada vez más a los recintos feriales. No es por nada, pero el dibujo a vista de pájaro del recinto de la Cartuja con todos sus pabelloncitos y el Plan Parcial de San Adrián en Logroño con todas al arquitecturitas que empiezan ya a verse allí, tienen muchos puntos en común.
En materia política sabemos que la democracia de este país se parece cada vez más al lamentable espectáculo de la elección de “reina democrática” de la vendimia. Por lo que respecta a nuestro entorno, o los arquitectos toman otro rumbo, o las ciudades acabarán por convertirse en estridentes recintos de feria.