(Mi segundo artículo musical, publicado en La Rioja 8 de abril de 1995, tuvo unas consecuencias insospechadas : ¡me echaron de la Banda Municipal!; bueno, no es exacto que me echasen, tal y como cuento en el siguiente escrito)
Las flores de plástico son a las flores como la pornografía al sexo; como las fotografías respecto a la presencia personal; o como los discos a la música en vivo. Sucedáneos que, por la pretensión de tener siempre a nuestra disposición la belleza de la flor, la emoción del sexo o la alegría de la música, han acabado por ocultar, justamente, la condición eterna de tales sucesos. Porque la eternidad -¡a ver cuando empezamos a entender las cuestiones del tiempo!- no está en la duración sino en el instante: la eternidad es la intemporalidad.
La música, -la auténtica, la única, la verdadera-, sucede sólo en un instante. Desde que hace cinco años, bajo el manto de miles y miles de discos y canciones oídas en treintaycinco años de mi vida, descubrí lo que era la música, me la suelo imaginar así: en un pueblo remoto y pequeño de hace un siglo, donde no había ni músicos ni transistores, un labriego oye una gaita y siente que el corazón le da un vuelco. O si lo prefieren traslado la acción a Logroño y a mi persona hace justamente cinco años: en una noche de primavera dí en pasar por las Escuelas Daniel Trevijano en la plaza de Murrieta donde un profesor barbudo daba clases de Jazz a poco más de media docena de jóvenes. Tocaban frases cortas, propias de aprendices, mas en cada una de ellas, aunque sólo dieran una nota, había tanta intensidad que el ambiente se cargaba de alegría, de electricidad y de belleza; es decir, de intemporalidad. Y en mi caso, me dije: yo también quiero dar con ellos aunque sólo sea una nota. Félix Romero me prestó su viejo saxofón y así empecé a ser músico.
Luego, claro está, me dí cuenta de las dificultades. En aquella clase había músicos buenos que se aburrían e indisciplinados que no estudiaban o no venían, y retrasaban a los demás. No había suficientes alumnos para formar una Big Band, así que para poder actuar en público nos teníamos que juntar con otros alumnos que el profesor traía de sus aulas de Pamplona y San Sebastián. Al año, los buenos se fueron a triunfar con un grupo de ska, los indisciplinados seguían sin venir a clase regularmente, y el profesor que venía de San Sebastián se cansó de nosotros y de tanto viaje, y el aula de Jazz se cerró.
Pero bueno, ¿qué importan las dificultades cuando se trata de la eternidad? Me apunté a aprender solfeo en la Academia de la Banda Municipal y al año, José Luis Alonso me metió en la Banda con los tubas. El día que saludé a los tres “tuberos”, Jesús, Vicente y Victor, me dí cuenta que allí también había alegría. Un pasacalles con la Banda, llevando a la Corporación Municipal a la cola, es una experiencia arrebatadora. Lo sé porque lo veo en las caras de quienes sorprendidos nos contemplan.
También en la Banda hay dificultades. La organización de la Banda y de su Escuela son más que dudosas; algunas piezas que tocamos, trasnochadas y cursis, y José Luis está tan renegón que ha acabado por convertir cada ensayo en un examen de nuestra afición.
Como he de hablar de Jazz no puedo entretenerme hoy en contar mis experiencias con los dulzaineros de La Rioja, sus alegrías y sus desventuras. O la experiencia de la creación de una charanga en la Escuela de Artes y Oficios, también con sus logros y dificultades. Ni del cuarteto de música renacentista que poco a poco voy preparando con mi mujer y mis hijas sin salir de las paredes de mi casa (y a costa de la paciencia de los vecinos). Desde hace poco más de un año, los veteranos alumnos de aquel aula de la plaza de Murrieta hemos formado un grupo de música dixie o de Jazz primitivo llamado Dixiemulando, y hemos vuelto a traer una vez al mes al extraordinario profesor barbudo, Renato Valeruz, que me enseñó que la música, y sobre todo el Jazz, por encima de todas las dificultades, es alegría, alegría inmensa, espontaneidad e intemporalidad: eternidad.
En estos días que preceden y anuncian la Semana de Jazz, saldremos a la calle y a algún bar tocando lo poco que musicalmente sabemos, pero ciertamente convencidos, eso sí, de que lo que hacemos es música y no flor de plástico. Ojalá que alguien al oirla, bien con los oídos limpios del labriego o con los atiborrados de discos del ciudadano, pueda aún sentir un vuelco en su corazón.
Ah!, se me olvidaba: para que vean como encajan las cosas, les diré que en la revista Speak Up n. 81, Danny Barker, un anciano banjo de 82 años que tocó con todos los músicos legendarios del dixie, decía que “Jazz was originally a New Orleans slang term for sex”.
(De vuelta a los ensayos de la Banda Municipal tras las vacaciones de Semana Santa/Semana de Jazz, me encontré en la sala de ensayos de la Banda varios pasquines con el texto que reproduzco aquí tal cual, con la misma puntuación y faltas de sintaxis y ortografía)
AGRUPACION MUSICAL DE LOGROÑO (BANDA DE MUSICA)
La Junta saliente de esta Banda de Música, quiere hacer unas puntualizaciones a un escrito aparecido en el diario “La Rioja” (8/4/95) titulado “Breve historia de un músico de jazz en Logroño” y firmado por alguien que llamaremos Sr. X.
Primero referente a las dispares comparaciones que realiza ... la pornografía es al sexo, como ... los discos a la música ... Nos extrañan estas comparaciones, cuando en ese mismo artículo nos indica que él descubrió la música... bajo el manto de miles de discos y canciones oidas en 35 años de vida...
Debemos darle nuestra enhorabuena, por ... haber empezado a ser músico ... cuando Dn Félix Romero le prestó su viejo saxofón. Por desgracia a los Profesionales de ésta Banda nos ha costado muchos años de estudio, ensayos, trabajo y tocar piezas ...trasnochadas..., obras maestras de nuestra historia musical.
Por otro lado, nos da mucha pena, la mala suerte que éste Sr. X ha tenido en su vida.
Comenzó, con un profesor que aunque parece que con él empezó a ser músico, debía ser malísimo como educador musical, pues en su clase sólo había, músicos buenos que se aburrían y se fueron y alumnos indisciplinados que no estudiaban.
Después ...se apuntó a aprender solfeo... en una academia Fantasma ... “La academia de la Banda de Música” y decimos Fantasma, pues no existe. Si usted se refiere a “La Escuela Municipal de Música” compruebe que la denominación es bastante diferente.
Quisiéramos también corregir una frase, que preferimos pensar que ha sido un simple error tipográfico o de transcripción.
- Donde dice: ... al año de estar allí (academia) José Luis Alonso me invitó a participar en ella (banda) tocando la tuba... Debe decir: ... y al año de estar allí (academia) pedía a Don José Luis Alonso, la posibilidad de ensayar con La Banda de Música para poder practicar, a lo que él accedió amablemente.
En cuanto a la organización dudosa de La Banda, le diremos que está dirigida por una junta democráticamente elegida.
La organización de La Escuela de Música a la que usted hace referencia también como dudosa, no intentaremos explicarsela pues consideramos que sería dificil de entender para una persona que considera piezas trasnochadas, popurrís o cursis, a la Zarzuela (nuestro género chico) y a las obras de los maestros de todos los tiempos.
Por último, si usted considera que ... José Luis Alonso están tan renegón que ha acabado por convertir cada ensayo en un examen de nuestra afición ... nadie le ata a esa persona que usted considera un terrible Tirano.
Lo tiene muy fácil: Forme “La Charanga de la Palangana” en la que cada cual, toque lo que le de la gana. Porque aquí señor mío, nos gusta que las cosas salgan a la perfección pues no somos Aficionados y si falla algo, tiene que existir una cabeza que reorganice nuevamente todo, aún a costa de renegar, para que la buena música exista y dure mucho tiempo, no sólo un instante como usted nos indica. GRACIAS
LA JUNTA DIRECTIVA
(Fuí a pedir explicaciones a la Junta Directiva y me invitaron a irme de la Banda. Me lo pensé unos días y les contesté que de eso nada: Que si querían probar a echarme se podían encontrar con unas notas mías en la prensa y alguna denuncia en el INSS explicando los dineros públicos que cobra el director José Luis Alonso, legalmente jubilado (datos que me había facilitado inocentemente un mismo miembro de la Junta unas semanas antes). Recogieron velas y hablaron con Alonso. Otra semana. La respuesta de Alonso fue una fuerte apuesta: o él o yo. Ví apurados a varios miembros de la Junta Directiva y les dije que no quería hacer daño ni a la Banda ni a algunos de ellos y que me iba. Eso no lo dijeron nunca a la Banda y por eso la carta al Director que sigue. A José Luis Alonso, anónimo redactor del escrito arriba reproducido, le dieron al año siguiente la Medalla de Oro de La Rioja, y pasado el año 2000 ¡aún sigue de Director!)
