domingo, 14 de junio de 2026

UNA CONSEJERIA IMPRESCINDIBLE


            (En los primeros tanteos (¿tonteos?) con la prensa local, este artículo lo llevé a EL CORREO ESPAÑOL, donde apareció publicado el 7 de marzo de 1984)

 

            Desde que se formó el primer Consejo de Gobierno de nuestro actual Presidente Sr. de Miguel, están sonando voces en la Oposición pidiendo la desaparición de la Consejería de Ordenación del Territorio y Medio-Ambiente por su presunta no necesariedad.

            Con los problemas de recorte presupuestario a la citada Consejería (leo “entre líneas” en las razones que dió de Miguel a la dimisión de Fernández Aldana) y la reciente crisis que ha padecido, me he temido que sucediera lo peor, esto es, que nuestro Presidente diera o estuviera dando la razón a la Oposición.

            Afortunadamente no ha sucedido así y ya tenemos nuevo ejecutivo en la cartera, el Sr. Montejo Uriol, quien ya desde la fecha de su nombramiento va a tener que enfrentarse a la primaria duda de si tiene o no razón de ser su cargo, duda que en el debate del 29 de febrero volvieron a plantear los señores Díaz Yubero y Bernard.

            En este contexto, la presente nota, lejos de loar decisiones o desear parabienes (allá cada cual con su historia y sus responsabilidades), pretende tan sólo señalar que si hay una Consejería que realmente tiene sentido dentro del sistema de gobierno de las Autonomías, esa es la de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente. Y a continuación demostraré que no exagero.

            Pretender hacer una política económica, una política social, una política laboral o industrial de corte autónomo en el marco de una pequeña región como La Rioja, parece a todas luces algo fuera de lugar cuando, como se sabe, las dependencias exteriores o de Estado en tales materias implican puntos de partida o tendencias difíciles de corregir. Pretender hacer una política educativa “regional” es algo tan irrisorio que no creo que a nadie se le ocurra intentarlo; etc. etc.

            Pero hacer una política de Ordenación Física de nuestro Territorio cuando el elemento de dicha actividad, nuestro suelo, nuestros bosques, nuestros ríos, nuestros pueblos y ciudades, sólo los vamos a vivir, gozar y disfrutar los riojanos, es algo que dificilmente puede venir de Madrid.

            No voy a cuestionar entonces como corolario que el resto de las Consejerías son inútiles, ni mucho menos, pero sí señalar que sus actividades ejecutivas tienen más de administración autonómica de un servicio que de programación política propia: la cartera de Educación trabajará más en reorganizar territorialmente las escuelas que en tocar los programas o ciclos educativos; la cartera de Industria luchará más por una homogénea reimplantación territorial que por temas coyunturales de la misma; y así sucesivamente.

            Es decir, que lejos de poder hacer una política económica y social de carácter estructural, lo que las Comunidades Autónomas pueden y deben hacer es Política Territorial. Y por tanto, que duda cabe, esa política debe ser pensada y coordinada desde un departamento específico.

            Así lo entendió Andalucía, que intentó crear en su organigrama de gobierno (luego no lo logró) una “Agencia de Ordenación del Territorio” ligada a Presidencia, que emitiera informes y coordinara las actividades de incidencia territorial de las demás Consejerías.

            Así lo entendió García Enterría, quien señaló que las Comunidades Autónomas eran las entidades idóneas para la formulación de una política territorial mediante los Planes Directores Territoriales de Coordinación.

            En conclusión, cabe pues felicitarse por haber salvado en La Rioja a la susodicha Consejería frente a las opiniones que la cuestionaban, pero también cabe preocuparse y seguir preocupados ante esa opinión del Presidente de nuestra Autonomía en la explicación de la dimisión de Fernández Aldana que parece señalar que eso de la Ordenación del Territorio y Medio Ambiente es cosa de ricos y de sociedades muy desarrolladas.

            Lo verdaderamente rico en La Rioja es el marco físico de que aún disponemos, y lo verdaderamente empobrecedor sería descuidarlo y degradarlo.