domingo, 14 de junio de 2026

BANDERAS


(La creación de una revista de edición municipal llamada Logroño Ciudad en 1985 supuso la aparición de un nuevo espacio libre de escritura para el que me empleé encantado. Esta es mi segunda colaboración, publicada en el n. 2 de la revista, en noviembre de 1985; y hasta hice un dibujito para ella)


Tampoco en Logroño tienen suerte las banderas. No, no es que sean pasto de las llamas, como en Bilbao o en Canales de la Sierra, -ese es otro cantar. Su mala fortuna aquí, deriva de su extravagante uso, del mal gusto de quienes las ponen.

Francamente no soy un fanático de las banderas, sino más bien todo lo contrario. Pero como en el caso de las corbatas, ya que hay que sufrirlas, que al menos sea con dignidad. Y esto de las corbatas me trae la reflexión de que las banderas, al fin y al cabo, son también como un “complemento” del buen vestir de los edificios públicos, como un adorno de los mismos. Pues bien, si repasamos el uso de tal “complemento” en nuestros edificios institucionales de Logroño, el bochorno puede que enrojezca (y no políticamente) a más de uno. Pasen y vean.

Empecemos por el Ayuntamiento (no en vano es el patrocinador de esta revista) y por su venerado (iba a decir baboseado, pero al final me he contenido) nuevo edificio. A nadie se le escapa que al arquitecto se le olvidó que un Ayuntamiento suele llevar banderas, -como también se le olvidó el balcón para los pregones, discursos, bandos y cohetes festeros...; si yo les contara la guasa que tiene el tema..., pero bueno, lo dejaremos para otro día. Hubo que poner banderas/ y acabada su construcción/ las metieron en el rincón/ apuntando hacia Avda. de Colón. Por si tal desaguisado compositivo fuera poco, en época de fiestas, que hay que adornarse el doble, el Excmo. nos suele obsequiar con un banderón colgado de un lamparón que se yergue sobre los plátanos del Paseo de Dax y que compite con los cedros de la Industrial. Por cierto, que en los pasados San Mateos el solano que sopló casi a diario hizo que la bandera acariciase a los citados cedros como diciéndoles: “guapos, después de los de la Plaza del Mercado vais vosotros”. En fin, confío que los partidarios de cortar los cedros propongan también la tala del lamparón-mástil, con lo que arreglaríamos de paso el tema éste del banderón festero.

El Gobierno de la Comunidad Autónoma lo tenía bastante más fácil, y su único pecado (leve) ha sido sustituir el tradicional palo del balcón, más amable y urbano, por unos marciales mástiles anclados en la tierra, más propios de los izados y arriados militares. Mas para compensar medianamente esta buena colocación de las banderas en Presidencia, recordarán Vds. que la Diputación General de la Comunidad Autónoma, con motivo de la celebración de la turbia adquisición (concurso arquitectónico por medio) de la antigua Tabacalera para su sede, plantó otro banderón de similares características que el municipal (¿sería el mismo?, ¿se andan prestando el banderón?) en la chimenea de la vieja fábrica. Recuerdo que el buen Barriocepo, en las páginas de La Rioja, comentó en su día lo hollinesco del asunto. Pero vayamos mas aprisa que queda mucho por ver.

En la Escuela de Magisterio, en vez de estar en su sitio, aparece raída y descolorida en una ventana pequeña de la fachada trasera (?). En Hacienda (que risa) se pone en una ventana de la vivienda del Conserje, situada en una esquina del último piso. En la Telefónica (pero ¿también Telefónica tiene que poner bandera?) de la Calle San Millán, los mástiles están tan adheridos a la tenebrosa fachada (seguro que del miedo que da) que ni un huracán sería capaz de hacerlas ondear. En el Banco de España, un edificio compuesto con total simetría, es curioso ver cómo las banderas, en vez de estar en el balcón central, aparecen en el lateral. Volviendo al simil de la corbata, es como si estuviera puesta en la solapa de la chaqueta. Peritos y CUR Ciencias poseen ambas un mástil militar bien plantado, y quizás es por eso por lo que no ponen la bandera. CUR Letras (los de letras siempre han sido más rojillos) no tiene ni mástil. Hay banderas en el Hospital San Millán, pero no en el Hospital Provincial (siempre ha habido clases). Como las del San Millán están bien puestas, en compensación, la de la sede central del Insalud, en un balcón doméstico de la calle Bretón de los Herreros, es de vergüenza.

En el Instituto Hermanos Delhuyar, las banderas, como las flores, salen de entre las macetas con que el conserje adorna la terraza. De las banderas de los Centros de EGB construidos recientemente no quiero ni hablar, porque ni aunque estuviesen bien puestas lograrían embellecer un ápice tan feos y sórdidos edificios. De todos modos si quieren reir (o llorar) un poco, pueden pasar a ver la del Colegio Milenario de la Lengua.

Otras banderas yacen perdidas por entre las ventanas de algún edificio multiuso (la del INE en el Espolón) o por las entreplantas de la Gran Vía (Industria, Vivienda); alternan con Casinos y Bingos (Ministerio de Educación y Ciencia) o con anuncios de ventas de pisos. Se convierten en “banderines” cuando se hayan perdidas en la escala de un gran edificio (Consejería de Agricultura) o parecen de gasolinera cuando se ponen en la puerta de un garaje (PMM en Murrieta)

Hoteles y Cajas de Ahorros también ponen banderas. El Carlton, a modo de almenas, y en plan internacional. La Caja de Zaragoza, igualmente en la coronación de su castillo granate de Gran Vía-San Antón. Curioso es el caso del Hotel los Bracos: encima de su marquesina sólo luce, como cualquier institución oficial riojana, las banderas de España y de La Rioja (será por la expropiación...).

Al fin, ya se lo podían imaginar Vds., los únicos que usan bien la bandera son la Policía (aunque la de la nueva Comisaría deja bastante que desear), la Guardia Civil, y los Militares; lógico ¿no?. Aunque de todos modos también quedan (digo bien, quedan, de las de antes, vaya) algunas banderas bien puestas: las del Gobierno Civil, la del Palacio de Justicia, la de Sanidad, la de la Antigua Casa Consistorial, la de la Delegación del MOPU; y sobre todas ellas, la del Instituto Práxedes Mateo Sagasta: quizás porque permanece en nuestra retina bajo el influjo de los mágicos pinceles de Octavio Colis.

Puestos a organizar cursillos peregrinos, tal y como viene haciendo la Consejería de Cultura de nuestra Comunidad Autónoma, bueno sería organizar uno sobre banderas, para que en caso de que no varíen ni la moda ni las ordenanzas (esta última es menos probable), las vistan algo mejor nuestros edificios públicos.