(Escribí este artículo para ELhALL en 1997 siendo ya Decano, pero el Director de ELhALL y Vicedecano Jose Miguel León no juzgó prudente publicarlo; así que está inédito)
Ante el abandono y la progresiva
destrucción del patrimonio arquitectónico, nuestra profesión inició hace unos
veinticinco años una sistemática campaña de defensa por su salvación mediante
el procedimiento de la rehabilitación. La profesión de arquitecto en España
tiene ya históricamente el orgullo de haber emprendido en solitario esa tarea,
por el difícil camino de en medio que va entre la restauración mimética y el
allanamiento.
Para definir ese camino de mixtura
entre lo viejo y lo nuevo, los arquitectos hemos procedido del modo más abierto
y racional que cabe: debatiendo una y otra vez cada obra, cada intervención en
el patrimonio arquitectónico, y juzgando sus aciertos o sus equívocos hasta
almacenar un amplio un bagaje de
experiencias en vez de una dogmática teoría. El Colegio de Arquitectos de La
Rioja ha sido ejemplar en esa tarea y este año sus jornadas bianuales cumplirán
la décima edición, cubriendo así veinte años de experiencias, estudio y debate.
Pero mientras su primer organizador
prepara con la ilusión del cumpleaños el programa del mes de noviembre, hete
aquí que en el mes de mayo y en la mismísima Logroño se han celebrado unas
“jornadas del patrimonio” de altísimo nivel de las que apenas nadie se ha
enterado. Os cuento como ha sido desde mis escasos datos para abrir un debate
sobre el tema: una semana antes de su celebración recibimos un fax en el
Colegio anunciando que desde el día 3 al 9 de mayo se iban a celebrar entre Alcalá de Henares y Logroño unas
“Jornadas Iberoamericanas de ICOMOS”, con un apretado programa de conferencias
y visitas a monumentos. El viernes 3 de mayo recibimos también en el COAR una
llamada telefónica preguntando si algún representante del Colegio pensaba
acudir a la comida de clausura de la fase riojana en la Hospedería de San
Millán.
Si la información sobre la
celebración de las Jornadas la hubiésemos circulado, hubiera llegado a los
colegiados cuando éstas ya habrían concluido, así que con esos datos tan
apresurados y sospechosos, nos imaginamos que la Jornadas no iban a ser otra cosa
que un sarao de iberoamericanos haciendo
turismo pagado por la Consejería de Cultura de La Rioja y el Instituto
Cervantes para firmar su apoyo a la Declaración de San Millán como Patrimonio
de la Humanidad. Las imágenes y el texto que ofreció el periódico La Rioja el
jueves 8 de mayo da buena cuenta de que las cosas iban claramente en esa línea.
Sin embargo, en una inesperada
visita que varios miembros de la excursión hicieran al Colegio de Arquitectos
pude comprobar que los visitantes, muchos de ellos arquitectos, eran auténticos
expertos y seguidores de la problemática de la rehabilitación, y según me
dijeron luego, primeras figuras en la materia en sus respectivos países. Una
arquitecta de ICOMOS de Madrid que venía con ellos, Marta Mediavilla, me
informó que las conferencias habían sido de un altísimo nivel para entender la
situación del patrimonio en toda Iberoamérica y se extrañó de que no hubiera
otro público asistente que media docena de funcionarios y dos o tres
esporádicos periodistas.
¿Que cabe pensar de todo ello?.
Evidentemente, que lo que a la Administración le interesa no es la
comunicación, el foro y el debate, sino la excursión, el almuerzo, la firma de
la declaración y la foto en el periódico. La primera conclusión es que por culpa
de ello nos hemos perdido un buen evento cultural en un tema que nos ocupa
directísimamente. Pero el corolario de más alcance es que, si en cierto momento histórico los
arquitectos defendimos el patrimonio de su abandono y destrucción, acaso ahora
tengamos que empezar a defenderlo de su sacralización (patrimonio de la
humanidad y otras chinflainas) y su ridícula utilización para mayor gloria de
los políticos de turno.
En el fax de anuncio de la referidas
Jornadas se decía : “Los esfuerzos de ICOMOS-España y todas las actividades de
este encuentro están encaminadas al reconocimiento de San Millán de la Cogolla
como cuna de nuestra lengual universal, y patrimonio
intangible de la Humanidad”. En lenguaje coloquial y descarnado, la
propuesta de la primera parte del encomillado podría haberse enunciado así: “te
aguantamos tu conferencia, te llevamos de turismo por España pero a cambio
firme Vd. aquí”. La segunda parte del párrafo, destacada en negrita, es mucho
más indigerible: el patrimonio es el
conjunto de bienes tangibles, deteriorables, heredables, materiales, propios
para la transacción o transformación; en lenguaje de hacienda, la declaración
del “patrimonio” alude lo inescondible. Por otro lado, hablar de la intangibilidad es justamente mentar a
Dios, y si mezclar a Dios con la materia se llama en castellano sacrilegio, proponer que la
materia sea intangible es, cuando menos, un atentado a la racionalidad.
Las palabras se ahuecan y vacían en
los discursos políticos y en documentos como el mencionado. Así que, es preciso
decir que la auténtica cuna del castellano no son ese par de monasterios en
estado más que lamentable de conservación del valle del Cárdenas, sino cada
escrito o cada palabra que se diga con sentido y sensatez; y que el más flaco
favor que se le puede hacer a la oficialmente llamada cuna del castellano es
llamarle “patrimonio intangible” de la humanidad.
Y es que, además, si es intangible,
¿qué pintamos los arquitectos allí?.