domingo, 14 de junio de 2026

¿QUIEN SE APROVECHA DE QUIEN?


(Esta polémica no la inicié yo pero me metí en ella. El Consejero de Ordenación del Territorio acusó a Luis Vicente Elías de aprovecharse de un trabajo encargado con dineros públicos para hacerse promoción personal publicándolo en LA RIOJA (?). Lo que sigue fue mi modesta intervención) 


En la réplica de Luis Vicente Elías al Consejero de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente (LA RIOJA 15 nov 84) echo en falta un argumento definitivo en torno a la publicación del segundo de los artículos y es que, dado que su contenido es la transcripción íntegra y literal de la ponencia que el señor Elías presentó el pasado septiembre en el Congreso de Pueblos Abandonados de Madrid, y por tanto se nos dió fotocopiada en las Actas a todos los asistentes, se trataba ya de un documento publicado, por lo que su aparición en un medio de prensa no significa ninguna falta de deferencia hacia los demás.

Pero al margen del tema en concreto, resulta triste y lamentable que la Administración Pública, tan tacaña ahora como siempre en la promoción y apoyo a la investigación, se dedique encima a vituperar a sus mal pagados investigadores.

Le diré por ello al Consejero de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, dando la vuelta a su acusación, que no creo que sea Luis Vicente Elías quien se aprovecha de los fondos públicos para su promoción personal, sino que, muy al contrario, es la Administración, por el señor Montejo regentada en este caso, quien se aprovecha por cuatro duros de los amplios conocimientos sobre La Rioja del señor santero de Lomos de Orios.  


CONCURSOS DESIERTOS


(Nadie contestó a esta provocación sobre unos Concursos en los que el propio Colegio de Arquitectos estaba por medio. Apareció en La Rioja el 31 de marzo de 1985)

Sr. Director de La Rioja:

En este mes de marzo hemos asistido a dos eventos arquitectónicos que por haber pasado casi desapercibidos, quisiera, con su beneplácito, comentar brevemente ante la opinión pública. Se trata, por un lado, de la desconvocatoria por parte del Ayuntamiento, del Primer Premio de Arquitectura Ciudad de Logroño, y por otro, de la declaración de “desierto” del Primer Premio Periodístico sobre Arquitectura y Urbanismo convocado por el Colegio de Arquitectos de La Rioja.

En primer lugar se ha de señalar una aparente contradicción entre ambos fracasos: si no hay premios a los arquitectos por sus obras debe de ser porque los críticos que las juzgaron son muy buenos y exigentes; ahora bien, si gozamos de la existencia de críticos tan notables ¿cómo es que se declara desierto el premio dedicado a la crítica?.

En segundo lugar se ha de lamentar el provincianismo torpe y estúpido de unas convocatorias que acaban en fiasco por querer imitar a las que se producen en las grandes ciudades. Creo al respecto que el desencanto que pueden crear tales “fallos”, tanto en los participantes como en el público expectante, hace mucho más daño a la arquitectura que la posible ilusión que la convocatoria de tales premios creara.

Tras estas consideraciones, sólo se me ocurre decir a los convocantes de tales premios que si quieren de verdad ayudar a la arquitectura y a la ciudad, es mejor que se queden quietecitos y en casa. Tendrán así la oportunidad de estudiar algo de arquitectura y formarse con ello una culturilla urbana que, a buen seguro y a la larga, mejorará la ciudad mucho más que sus concursos de belleza.  


VIVALDI EL ORGANISTA


            (La segunda polémica con el Director Regional de Cultura, acontecida en enero de 1985, fue mas bien un pretexto para contar las zancadillas que se me empezaban a propinar por la polémica anterior. Al citar en ella a miembros del Colegio, dió lugar a una advertencia de su Junta de Gobierno contra mí que recurrí al Tribunal Profesional, quien en acta de 17 de abril de 1985 me dió la razón)


            Sr. Director:

            Se ha de celebrar, como no, la grata noticia publicada por LA RIOJA de 22 de enero, de que se van a reparar algunos de nuestros órganos (esos fantásticos edificos musicales construidos en el interior de nuestras iglesias), y que además, se van a programar una serie de conciertos con dichos instrumentos.

            Pero lo que es menos de celebrar al respecto, es la cultura musical de nuestro Director Regional de Cultura, quien afirma en la misma noticia que gracias a dichos conciertos, los aficionados y los jóvenes (extraña distinción) se podrán acercar a autores como Vivaldi, por poner un ejemplo. Dúdolo mucho: como cualquier mediocre aficionado sabe, Vivaldi, extraordinario violinista, jamás compuso pieza alguna para órgano.

 

            Réplica del director regional de Cultura

            Nuevamente, el habitual arquitecto de esta sección de LA RIOJA coge el rábano por las hojas y saca sus propias conclusiones. Musicales en este caso. Si hubiera leído bien el artículo a que hace referencia se habría dado cuenta de que se trata, en definitiva, de potenciar toda una serie de actividades musicales tomando como marco los templos riojanos, que tienen además la ventaja de contar la mayoría de ellos con excelentes órganos, aunque en mal estado de conservación muchos de ellos. De ahí que nuestros objetivos se centren en posibilitar en las iglesias conciertos complementarios: a la intervención de un cuarteto, quinteto o agrupación musical cualquiera (no es la primera vez que la Consejería de Cultura promueve este tipo de actuaciones en las iglesias de la región) se añaden como un aliciente más unas piezas de órgano. Para ello es preciso llevar una acción coordinada que contemple algo que estaba bastante descuidado en la etapa imperial: la restauración de órganos.

            En las sucesivas reuniones que hemos celebrado en Madrid con relación al Año Europeo de la Música, se han tocado diversos puntos. Uno de ellos el intentar captar para la música a toda esa gran masa de jóvenes a través de la frescura de unas composiciones como las de Vivaldi, por ejemplo. Por esa circunstancia se detallaba en la entrevista: “...nuestra idea es habilitar los medios necesarios para poder trasladar a los aficionados y a los jóvenes hasta dichos lugares e intentar acercarlos a la música a través de autores como Vivaldi, por poner un ejemplo...”

            Ahora bien, si las ansias del arquitecto por rizar el rizo le llevan siempre a posturas tan maximalistas como pintorescas, voy a darle la relación Vivaldi-órgano que busca con su cansina insistencia y desconocimiento:

            En aquella época, los conciertos se ambientaban muchas veces en las iglesias y el bajo continuo se hacía bien con clavecín o con órgano por ser el primero que lo sacó de simple instrumento de acompañamiento (que ya era bastante) a instrumento solista (Concierto en Re menor para violín, órgano y orquesta de cuerdas). También Bach sacaría más adelante el clavecín (“Quinto Concierto de Brandeburgo”, 1720)

            El órgano por aquel entonces era generalmente un instrumento de un teclado: muchas veces ni siquiera llevaba pedalier. Y la prueba de que Vivaldi prefería el órgano al clavecín en el bajo continuo la encontramos en muchas instancias. Pero lo que resulta revelador es que en su conocido “Concierto para dos mandolinas en Sol mayor” Vivaldi especifica con meridiana claridad que quiere órgano en este concierto de acompañamiento.

            Incluso Bach transcribió varios conciertos de Vivaldi para órgano solamente. Pero es que, además, un hombre como Vivaldi tiene varias composiciones religiosas, cantatas, etc, (y perteneciendo él mismo al estamento religioso), sería extraño que no hubiera escrito para órgano: se conocen los originales para dos conciertos de órgano, por citar algo aislado.

            En fin, señor Díez del Corral, en el largo epistolario que con tanta frecuencia me dirigía hace tan sólo unos meses, llegó a emplear, me imagino que sin ayuda de nadie, una frase que lo definie con absoluta exactitud: “... mi entendimiento no me alcanza a entender...”. ¡Que pena!

 

            Jose Manuel Ramírez Martínez

            Director Regional de Cultura

 

            Réplica al Sr. Ramírez

            Sorprendería la ingenuidad del Sr. Ramírez al contestar a mi nota sobre su desliz en el caso Vivaldi-órgano, si no fuera por la mala fé y la mala intención que va detrás. Hablaré pues primero de su ingenuidad, y a continuación de su mala fé.

            La frase que entrecomilla para demostrar su inocencia está fuera de contexto. La frase no empieza en “nuestra intención es habilitar los medios...” sino bastante antes. Es ese un sistema de engaño tan infantil que no creo que se lo trague nadie. Mucho más ingenua es con todo, su exhibición de erudición para encontrar una mínima relación de Vivaldi con el órgano: ¿quién no va a creer que todo lo que cuenta es fruto de dos noches de urgente biblioteca o de consultas a asesores musicales?. Ni un político de pueblo es tan ingenuo.

            A veces se tiene la idea equivocada de que la ingenuidad es fruto del buen corazón y de la inocencia. Pues bien, les voy a contar a los lectores dos episodios personales para demostrarles que a veces la ingenuidad va asociada a una auténtica mala fé.

            El primer episodio data de una carta que escribí a este periódico el 20 de Mayo de 1984 criticando la decisión, hoy por hoy, de declarar a Ortigosa como conjunto histórico-artístico (1). ¿Saben Vds. cuál fue la reacción de nuestro gobernante?: decirme desvergonzadamente ante dos testigos en un bar de Logroño que si se me ocurría volver a meterme con su gestión se metería públicamente contra mi persona. Palabra que cumplió a rajatabla y de un modo lamentable en el célebre episodio de Ambasaguas. Como decía José Aumente hace poco en un extraordinario artículo publicado en un diario de Madrid “los actuales socialistas han aprendido mucho de la experiencia del franquismo: quieren impedir que éste vuelva haciendo suyas muchas de sus actitudes”.

            El segundo episodio personal es de hace muy pocos días. Debido a que últimamente estoy estudiando arquitectura riojana del siglo XVI, y dado que el Inventario Artístico de Logroño y su provincia (material de trabajo básico) está publicado tan solo en parte, me dirigí a la Dirección Regional de Cultura con la intención de consultar las fichas ya realizadas, que sirven para la realización de dicho inventario. Pues bien, pásmense Vds. de cómo está la Cultura por estos pagos: salí de allí con las manos vacías, pues me dijo el Sr. Director Regional de Cultura que dichas fichas estaban en Madrid y que para poder consultarlas debía antes pedirles permiso a sus redactores (entre ellos el propio Ramírez) por cuestiones de propiedad intelectual. Pero tranquilos, que aún hay más. Como el Coordinador de Cultura de mi Colegio de Arquitectos me había advertido de que debido a las “tormentosas relaciones” que había entre el Sr. Ramírez y yo era muy posible que no me facilitase dicha información (a lo que respondí delante del Sr. Decano del Colegio que yo no pensaba tan mal del Sr. Ramírez), quedó encargado dicho Coordinador de solicitar tales fichas. ¡Oh universalidad de la Cultura!, todo estaba disponible ahora. Claro que después hubo una segunda llamada telefónica del Sr. Ramírez al Coordinador de Cultura del Colegio “¿pero cómo no me dijiste que el interesado en las fichas era Díez del Corral?... sin comentarios.

            Como me dedico a cultivar la Cultura, amo el debate. Como creo en la nobleza de los hombres, amo el combate (decía el bardo Blondel hacia el final de “En busca de el rey” de Gore Vidal: “¿acaso no estamos hechos los hombres par combatir?”). Mas cuando probada suficientemente la cultura y nobleza de mis enemigos veo que es imposible el combate o el debate, no me queda sino retirarme a mis cuarteles de invierno.

 

(1) véase art. 1 del cap. 6

LA DANZA DE LOS VELOS


            (Otra provocación a la que no entró nadie al trapo, y que sólo sirvió para que el hasta entonces amigo personal y por entonces Presidente del Gobierno de La Rioja, me negase el saludo. Apareció en La Rioja de 5 de junio de 1985)

 

            Sr. Director:

            En la danza de los velos que practica el Partido Socialista en el poder, acaba de caer (¡y ya quedan pocos!) el que tapaba una de las zonas más púdicas, -por cuanto más íntimas-, de su programa electoral: el del urbanismo y el patrimonio. Según un paquete de medidas gubernamentales recientemente aprobado, Felipe Gónzalez se dirigirá a los Ayuntamientos para que, dentro del respeto por su autonomía (¡faltaría más!), agilicen las licencias, ya que “la prioridad en la creación de empleo debe primar sobre las consideraciones urbanísticas, estéticas o de otro tipo”.

            A los más atentos observadores urbanísticos de nuestra región la noticia no les ha debido coger por sorpresa pues ya el Presidente riojano Sr. de Miguel, con motivo de la dimisión de Fernández Aldana, se adelantaba a proclamar (a eso se le llama visión política) que la Ordenación del Territorio y Medio Ambiente era cosa de ricos y de sociedades muy desarrolladas. Mas para algunos despistados del campo “estético”, como pueden ser los aterciopelados miembros de la Comisión del Patrimonio Histórico Artístico, la bofetada ha debido ser de campeonato: toda su razón de ser, su doctrina y su apoyo gubernamental se han venido abajo de sopetón. Las justificaciones de su proceder, esgrimidas con particular celo hasta la fecha, no eran al fin más sólidas que un simple velo negro (lo de negro va por el carácter inquisitorial de la citada comisión) que acaba de caer.

            Y hablando de velos que caen y caen, lógico es recordar, y al fin encontrar sentido a aquella famosa frase de nuestro Presidente Autonómico en la que manifestaba su afición y gusto por la erótica del poder.   

29 DE OCTUBRE


(El desencanto de la política socialista me desvió de vez en cuando de mis preocupaciones arquitectónicas o urbanísticas en las Cartas al Director de La Rioja. Esta se publicó el 3 de noviembre de 1985 y no obtuvo respuesta alguna)


Hay cuatro o cinco libros en mi biblioteca que en su primera página tienen una inscripción gozosa. Fueron comprados tal día como hoy, un 29 de octubre, hace ya tres años. Al comprar libros suelo marcarlos con mi nombre y con la fecha y lugar donde los compro. Aquel día, además, debajo de la fecha puse con euforia: “¡primer día socialista en España!”.

No sé ya de qué libros se trata (menos mal), aunque cuando me los vuelva a encontrar sentiré lo que he sentido otras veces durante estos tres años: la honda y dolorosa tristeza que sienten aquellos que tienen capacidad de entusiasmo.

Aquella fecha es hoy tan anodina como las demás. Su brillo, como el de una estrella fugaz, duró bien poco tiempo.

No, no es que esté “desencantando” como tantos otros. Al contrario, estoy de lo más encantado: encantado de saber que no hay ideas ni políticas, que no hay partidos, ni votaciones, ni cambio alguno. Que el destino es el de siempre, trágico e impasible, y que al fin sólo hay, sólo quedan, personas: hombres y mujeres.

Por eso, si algo puedo/podemos afirmar después de estos tres años, no es que el partido lo haya hecho mal o bien, sino que estos hombres y mujeres que gobiernan son o no son de los míos/ de los nuestros. Aunque es fácil imaginar que los hombres y mujeres que accedan a gobernar jamás nunca lo serán, por mucho que seamos nosotros quienes les votemos.  

 

COLOQUIO DE HISTORIA


(Lo más divertido de esta polémica fue enterarme de que la carta de de mis oponentes fue redactada casi por encargo al entonces profesor del CUR Ramón Irigoyen, a quien afeé luego su conducta en la Plaza del Ayuntamiento ante unos amigos literatos, para bochorno de su fama de díscolo y rebelde)  


Señor Director:

Nuevamente me veo solicitando un pequeño espacio de su diario para llamar la atención sobre la existencia de una partida de inútiles entre los cargos culturales de nuestra región, con el sano motivo (siempre con sano motivo) de que las víctimas de tales individuos sepan a qué atenerse. Agradeciéndole de antemano su acogida, paso a relatar la cuestión.

En el mes de octubre pasado, asistí y presenté una modesta comunicación al II Coloquio sobre Historia de La Rioja organizado por el Colegio Universitario (1). El desarrollo de tal Coloquio fue tan lamentable que en aquellas fechas sentí la tentación de denunciarlo públicamente. Si no lo hice fue porque, al fín y al cabo, las actas se publican con posterioridad y de lo allí dicho queda constancia para siempre: para vergüenza de unos, para gloria de otros y para desdén de todos.

Cuál no será por ello mi sorpresa al recibir estos días una cartita firmada por un tal José Miguel Delgado Idarreta, quien en nombre de una (agárrense a lo que viene) “Comisión Científica” del Coloquio, aparte de agradecerme la contribución a las Jornadas “científicas” (ya verán Vd. en las actas cuanta ciencia, ya) me comunica que por falta de presupuesto y demás prescinden de mi “artículo” (tanta ciencia no les da para distinguir una comunicación de un artículo) en la publicación de las Actas del Coloquio. Mas adelante, “lamentando este extremo” (¿de veras?) esperan que les sepa disculpar. Pues que esperen, que esperen.

La fase de admisión de ponencias es el momento clave de la organización de un Coloquio. En el del CUR se coló cualquiera con cualquier bobada para hacer curriculum, que es al parecer lo que necesitan imperiosamente los historiadores titulados y la razón última por la que se convocan estos eventos. El contenido de las jornadas resultó penoso, mas la falta de seriedad de los “científicos organizadores” no se quedó ahí, sino que se hace extensiva después a la mutilada publicación de las Actas.

No hace mucho que el profesor Gómez Urdañez hacia el ridículo en un suplemento dominical de El País al decir que “la avanzadilla cultural de La Rioja es sin duda el Colegio Universitario, donde se dan más de 200 conferencias al año”. Con el ridículo que hacen ahora los comisionados científicos de José Miguel Delgado, queda bastante bien retratada nuestra egregia institución. 



Réplica del II Coloquio de Historia 


En La Rioja del 19-2-86, Juan Diez del Corral, en una carta al Director, insulta al Colegio Universitario de La Rioja, como institución, y al colectivo de sus profesores. Se queja de que el Comité Científico del II Coloquio de Historia de La Rioja le rechazara un artículo. Este comité estaba formado por los doctores Moya Valgañón, Brumont, Forcadell Alvarez, Martín Bueno y los profesores de la Sección de Historia de este centro, a los que el señor Diez del Corral califica textualmente de inútiles. 

Respecto al rechazo a su artículo, le diremos que, obviamente, cualquiera puede equivocarse. Ya en su día Goethe cometió el gravísimo error de infravalorar a su contemporáneo Hölderlin. Lástima que el trabajo que nos presentó no alcanzara la gracia de injuria que rezuma su carta. De haber sido así, hubiera encabezado nuestra publicación para prestigiarla. 

Si persevera en esta línea satírica, para la que está tan dotado, su seguro éxito literario es de esperar que le mejore un poco el carácter.

La literatura es terapia. Su gran utilidad social radica en que la descarga de injurias en un texto libra a su autor de tener que subirse a un tejado y disparar indiscriminadamente contra los ancianos y niños de la cola del autobús.

Para ahorrarnos sangre, que siga escribiendo el señor Diez del Corral. La redacción de esta carta nos ha proporcionado el suficiente beneficio terapeútico como para dar por terminada esta utilísima polémica.

Muy cordialmente


Comisión Científica del II Coloquio de Historia de La Rioja.

Colegio Universitario de La Rioja



Réplica al Comite del CUR


Señor Director:

Ruego me permita una breve contestación al indigno escrito remitido por los “científicos” del CUR y publicado en su diario de 21 de febrero de 1986

Diré en primer lugar que no me queda otro remedio que sospechar lo peor respecto a quien da finalizada una polémica nada más comenzarla, sobre todo cuando esta polémica empieza por un insulto mío y una queja de mis oponentes por el sólo hecho de ser insultados. Al respecto les diré que mi insulto es una gran cortesía comparado con la ignorancia y el desprecio que ellos hacen de mi persona y mi trabajo en el Coloquio de Historia. La injuria es mil veces más benevolente que el olvido. Así pues, lo bueno de esta polémica es que al menos, aunque brevemente, se han vuelto a acordar de mí.

Lo grave, lo malo, lo indigno de quien la firma (por cierto ¿quien la firma?, o ¿quien la redacta con tono tan personal?, ¿quién se esconde en nombre del “Comité?) es la manera en que lo hace: al parecer, entre tanto “doctor”, tanta “ciencia” y tanta “utilidad social”, al comité de marras sólo se le ocurre la imbecilidad de decir que “la literatura es terapia”. ¿Es eso lo que les enseñan a sus alumnos?. Por mi parte, confieso humildemente que siempre he leído o escrito para enfermar, aunque a veces también he enfermado para leer o escribir... Dice Kafka (¿le conocerán?) que sólo deberíamos leer los libros que corroen y hieren en lo vivo. Nuestros historiadores, abrazándose a la ciencia, han debido olvidarse de estas cosas.

De quien no se han olvidado es de Goethe, con quien pretenden identificarse en su lamentable error respecto a Hölderlin-Diez del Corral (¡qué hermoso, otra vez estos dos apellidos juntos!). Les diré entonces lo que decía Borges en sus Prólogos: “Había hecho lo humanamente imposible para admirar a Goethe, pero me sucedió lo que a otros”. 



(1) véase art. 5 del cap. 2


EN DEFENSA DEL ENEMIGO


(En septiembre de 1986, mi oponente en polémicas, José Manuel Ramírez estaba muy tocado políticamente y tuve que salir a las Cartas al Director en su defensa)


Sr. Director:

Leo en el periódico que Vd. dirige, que luchas intestinas en el seno del partido gobernante han venido a poner en juego el cargo de mi conocido enemigo José Manuel Ramírez, a la sazón, Director Regional de Cultura. Y lo leo con cierto estupor por cuanto que la mayor acusación que esgrimen sus detractores resulta ser, sin embargo, una de sus mejores virtudes políticas, a saber, su afán polémico frente a otras instituciones e incluso, ante los propios ciudadanos que le llevan la contraria.

Si la “cultura” venía siendo en nuestra provincia poco más que un subtítulo de programa de televisión, y la “política” esa misma actividad turbia de siempre, ejercida desde arriba por unos cuantos oportunistas metidos a próceres ambiciosos, José Manuel Ramírez ha sido en estos años, por el contrario, uno de los pocos personajes que han devuelto la dignidad al ejercicio de ambas actividades: ha hecho de la cultura una actividad central de gobierno y la ha abierto en todo momento a la polémica o el debate.

Obvio es que no comparto ni el modo de entender la cultura en general o el tema del patrimonio en particular, ni la manera de llevar las polémicas del actual Director Regional, pero eso son cuestiones menores ante el gran mérito que para mí suponen una fogosidad cultural y una alta conciencia democrática que hacen posible, hoy y aquí, una cultura y una política realmente vivas.

Era Nietzsche quien por boca de Zaratustra (o Zaratustra por boca de Nietzsche si se prefiere...) quien instaba a tener buenos enemigos antes que mediocres amigos. Desde luego, ante amigos “de toda la vida” que por haber accedido a un alto cargo político te escatiman el saludo o pasan a tu lado haciendo como que no te han visto, yo sinceramente prefiero a enemigos de la talla cultural y de la generosidad política de José Manuel Ramírez.