(La reseña sobre las Jornadas de Intervención
en el Patrimonio del año 1985 la publiqué en el número 3 de la revista
Logroño-ciudad)
En
un artículo a propósito de la Intervención en el Patrimonio, Ignasi
Solá-Morales ha dejado escrito que “es a partir del Renacimiento cuando la
Arquitectura cobra auténtico rango de actividad reflexiva” (Teorías de la
Intervención Arquitectónica, rev. Quaderns n. 155). Las anteriores
arquitecturas se producían por oficio, por evolución natural o técnica, y eran
compuestas por agregación o yuxtaposición. Del Renacimiento en adelante, la
reflexión, y en consecuencia la Idea (neoplatonismo imperante) va a vertebrar
la disciplina, de tal modo que la propia historia de la Arquitectura, desde
entonces, ya no sólo corre pareja a la historia de las ideas, sino que ella
misma también se constituye en historia de ideas.
Por
ello, la conocida “boutade” de Umberto Eco acerca de nuestro actual retorno al
Medioevo, cobra todo su sentido al hablar de Arquitectura, ya que ésta,
dominada por la imagen y el consumo, está dejando de ser, a pasos agigantados,
una actividad reflexiva. Interesa mucho más el producto acabado y listo para su
venta que la idea que subyace en su creación. La actual arquitectura de calidad
se produce por mímesis o por citas. La imagen final anula, si es que alguna vez
la hubo, a la idea creadora: se tiende a producir objetos (en tanto que son
vendibles) en vez de pensar ideas (más reacias al comercio). Hay que trabajar,
como se dice entre colegas, con las revistas en la mesa...
En
este contexto, las recientes Jornadas sobre Intervención en el Patrimonio
Histórico Artístico organizadas por el Colegio de Arquitectos en
Logroño-ciudad, aunque planteadas como “sesiones de reflexión”, se
convirtieron, por el contrario (¿qué se esperaban Vds?) en un mercado de
cromos. Cuestión que va con segundas, claro: lo anecdótico, el regalo de la
colección de cromos del gótico en La Rioja que se nos dió a los participantes,
era en realidad lo esencial. Faltó sólo que la organización convirtiese en
cromos las diapositivas que nos mostraron los arquitectos que por aquí pasaron,
para que el éxito hubiera sido total.
Sólo
la presencia de un hombre de la talla de De la Sota (¿pero qué hacían nuestras
autoridades culturales que no se acercaron a saludar, ni personalmente, ni en
nombre de la ciudad, a todo un Gran Maestro que se dignó bajar a Logroño?), y
el empeño por reflexionar en vez de mostrar por parte de Pérez Arroyo y Navarro
Baldeweg (¡con todo lo que éste tiene por mostrar!) torcieron en lo posible el
curso de los acontecimientos. ¡Pero mira que traer a don Alejandro de la Sota a
un mercado de cromos!..., a quien dice creer más en la arquitectura pensada que
en la dibujada: “los dibujos son sólo para los mirones”, (entrevista con M.
Bayón en Arquitecturas Bis n. 1)
Escribió
De la Sota en otra ocasión (rev. Arquitectura n. 228) que “no hay obra sin
idea”, y que “cuanto más claras son las ideas, más cuesta conseguir su
materialización”. Pues bien, así es como se explica que el gran santón de estas
III Jornadas (y de las dos anteriores y, si algo no lo remedia, de las
venideras) Antoni González Moreno-Navarro las inaugurase diciendo que no hay
que tener adscripción a idea alguna, que lo importante es la eficacia (?) de la
actuación. Ni que decir tiene que el éxito estuvo de su parte: durante el resto
de las Jornadas ya nadie (excepto el Simón del desierto que esto escribe) abrió
la boca para protestar. En general, los participantes se limitaron a ver las
obras eficaces que exhibían los ponentes para aprender a hacer también ellos,
sin duda, otras intervenciones eficaces.
De
todos modos podemos estar tranquilos pues los mirones suelen ver poco, ya que,
como decía Wittgenstein (carta a Norma Malcom), “cuanto mejor seas pensando,
más sacarás de lo que ves”.