domingo, 14 de junio de 2026

ORTIGOSA, EL PATRIMONIO Y EL CAMBIO

            (Con esta Carta al Director de La Rioja publicada el 20 de mayo de 1984 empezaba mis polémicas con el Director Regional de Cultura y mis reflexiones sobre el Patrimonio arquitectónico)


            Salvar la patria es algo ya tan desprestigiado que los salvadores que aún andan sueltos por ahí se dedican ahora a salvar el patrimonio.

            Viene a cuento este juego de palabras para terciar en la reciente polémica sobre la “salvación” del hermoso pueblo de Ortigosa: frente a los destructores vecinos, alcalde y oligarquía local (!?) surge valiente nuestro Director Regional de Cultura rescatándonos el patrimonio ortigosano de su barbarie y ofreciéndonoslo al resto de los riojanos por la plácida vía del turismo dominguero y estival.

            Es curioso que tanto al hablar de la patria como del patrimonio, el término más empleado sea aquel de su “defensa”. Y es triste que así sea, pues como dice Juan López Jaen (rev. Quaderns n. 54) “la feliz convivencia de nuestras casas, ciudades y paisajes no tiene por qué convertirse en una guerra”.

            Yo creía que con el cambio socialista (?) las cuestiones del patrimonio dejarían de seguir aquella política fraguista de convertir nuestros monumentos y nuestra historia en paradores de Turismo. Y creía que en vez de hablar de “defensa” o de “conservación” (palabra que es patrimonio de la derecha) del patrimonio, se empezaría a hablar de respeto, de conocimiento, e incluso de “amor” al patrimonio.

            Pues bien, una política de “amor al patrimonio”, o sea, una política de “cambio”, debería comenzar por estudiar e investigar nuestro patrimonio, por enseñarlo y por divulgarlo, por hacerlo atrayente y revalorizarlo. El mejor tratamiento que puede tener el patrimonio no es conservarlo en alcohol para disfrute del coleccionista, sino estudiarlo en profundidad, en sus últimas causas, de modo que además de conocer en qué reside su belleza, sepamos crear las condiciones para que viva y se pueda reproducir.

            Sólo cuando se confunde amor con posesión o cuando se es incapaz de una generosa divulgación merced al mantenimiento de un elitismo paternalista, es cuando viene al pelo sacar la porra contra los pobres e incultos aldeanos y ofrecer el defendido patrimonio a los pudientes y stressados turistas ciudadanos.