domingo, 14 de junio de 2026

EN LA DESAPARICION DE MI CONSEJERIA

            (En Octubre de 1988 y siendo Consejero Jesús de Pablo, desapareció la Consejería de Ordenación del Territorio y yo empecé a cerrar balance de una época. Fuí muy duro con Jesús, a quien tengo, sin embargo, por buen funcionario y excelente compañero)

 

            La falta de esperanza que tengo respecto de las explicaciones que el presidente Espert vaya a dar en los próximos días sobre la desaparición de la Consejería de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente y el hecho de que en su día defendiera yo públicamente la existencia de dicho departamento (“Una Consejería Imprescindible” El Correo Español 7 de marzo de 1984) me mueven a un comentario necrológico que, en primera instancia, se me tiñe de humor negro: no me negarán la guasa que tiene que cuando un Consejero lo hace mal, en vez de cargarse al Consejero se hace desaparecer la Consejería...

            Pero dejando el chiste para uso de parlamentarios lentos de reflejos o para aburridos funcionarios, lo propio en estos casos es hacer un rápido repaso al historial del fallecido en sus hitos más sobresalientes.

            Al nivel más general, la existencia de Consejerías independientes, una de Ordenación del Territorio y otra de Obras Públicas en el seno del Gobierno de La Rioja, implicaba el grave desconocimiento de los esfuerzos que a nivel estatal se habían realizado lustros atrás para unificar, en un sólo Ministerio, al Urbanismo y a las Infraestructuras Territoriales. O aún peor, a la ignorancia de las razones que motivaron tales esfuerzos. Si a ello añadimos que la Consejería de Obras Públicas del Gobierno de La Rioja era, por herencia de los anteriores Planes Provinciales, la administradora del reparto de infraestructuras netamente urbanas a los pueblos y ciudades de nuestra región, apaga y vámonos.

            Aún así, el primer Consejero de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de los tres que tuvo De Miguel en sus cuatro años de mandato, consiguió dignificar el engendro de Consejería que se le dió, promoviendo desde ella los primeros esbozos de una ordenación territorial (Estudio Base de Comarcalización, Directrices Regionales de Planeamiento, Plan de Asesoramiento Urbanístico Comarcal y Municipal, etc. etc) que no pasaron de esbozos debido al interés demostrado por el Presidente hacia tales temas.

            Con el segundo Consejero, el que conocía La Rioja por su amistad con el Presidente, brilló con luz propia dentro de la Consejería hoy muerta, la nefasta Oficina de Supervisión de la que ya dí cumplida cuenta en las páginas de La Rioja (“Un centinela inoperante”, 14 de mayo de 1987) (1), oficina que a la postre iba a convertirse en ilustre cuna de los siguientes Consejeros, independientemente del color que gobernase.

            Durante el reinado del tercer Consejero (entiéndase lo de reinado no por la ilustre cuna mencionada, sino por el alcance de gobierno que poseen las actuales monarquías) destacó, por encima de todo, otro evento: la presentación del Plan Especial de Protección del Medio Ambiente y Normas Subsidiarias de Planeamiento de La Rioja, a cuyo rechazo general me sumé publicamente desde la prensa (“De Gobierno, Planes Especiales y Ecologistas Varios” que fue publicado en La Rioja el 19 de abril de 1987 con el título “Cuando un Gobierno regional no gobierna, redacta un plan”).

            La sorpresa que nos ha deparado el primer y último Consejero de la era Espert ha sido, sin lugar a dudas, la aprobación del Plan y Normas redactados por el anterior Gobierno socialista, entre las burlas de quienes decían que lo aprobaba porque no sabían hacer otra cosa, o las malévolas sonrisas de quienes consideraban que alguien reinaba (esta vez en el viejo sentido de la palabra) después de muerto... Sea lo que fuere, ante hechos como éste, poco cabía esperar de una Consejería sin meta ni rumbo (recordemos que en la toma de posesión del Gobierno Espert, tal y como publicó La Rioja, todo lo que se le ocurrió decir al Consejero Jesús de Pablo era que iban a cumplir la legalidad...) y nada podría producir un departamento que no era otra cosa que una mala y desordenada agrupación de servicios, negociados y algún que otro Director Regional incompetente. Su desaparición, por tanto, no debe escandalizar a nadie.

            El escándalo se producirá, y retomo el chiste inicial, cuando en la próxima crisis de Gobierno, el Presidente Espert haga desaparecer, por el mismo procedimiento, la Consejería de Obras Públicas.

 

 

(1) véase “Un centinela inoperante” en el capítulo 1