(En Octubre de 1988 y siendo Consejero Jesús de Pablo, desapareció la Consejería de Ordenación del Territorio y yo empecé a cerrar balance de una época. Fuí muy duro con Jesús, a quien tengo, sin embargo, por buen funcionario y excelente compañero)
La
falta de esperanza que tengo respecto de las explicaciones que el presidente
Espert vaya a dar en los próximos días sobre la desaparición de la Consejería
de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente y el hecho de que en su día
defendiera yo públicamente la existencia de dicho departamento (“Una Consejería
Imprescindible” El Correo Español 7 de marzo de 1984) me mueven a un comentario
necrológico que, en primera instancia, se me tiñe de humor negro: no me negarán
la guasa que tiene que cuando un Consejero lo hace mal, en vez de cargarse al
Consejero se hace desaparecer la Consejería...
Pero
dejando el chiste para uso de parlamentarios lentos de reflejos o para
aburridos funcionarios, lo propio en estos casos es hacer un rápido repaso al
historial del fallecido en sus hitos más sobresalientes.
Al
nivel más general, la existencia de Consejerías independientes, una de
Ordenación del Territorio y otra de Obras Públicas en el seno del Gobierno de
La Rioja, implicaba el grave desconocimiento de los esfuerzos que a nivel
estatal se habían realizado lustros atrás para unificar, en un sólo Ministerio,
al Urbanismo y a las Infraestructuras Territoriales. O aún peor, a la
ignorancia de las razones que motivaron tales esfuerzos. Si a ello añadimos que
la Consejería de Obras Públicas del Gobierno de La Rioja era, por herencia de
los anteriores Planes Provinciales, la administradora del reparto de
infraestructuras netamente urbanas a los pueblos y ciudades de nuestra región,
apaga y vámonos.
Aún
así, el primer Consejero de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de los
tres que tuvo De Miguel en sus cuatro años de mandato, consiguió dignificar el
engendro de Consejería que se le dió, promoviendo desde ella los primeros
esbozos de una ordenación territorial (Estudio Base de Comarcalización,
Directrices Regionales de Planeamiento, Plan de Asesoramiento Urbanístico
Comarcal y Municipal, etc. etc) que no pasaron de esbozos debido al interés
demostrado por el Presidente hacia tales temas.
Con
el segundo Consejero, el que conocía La Rioja por su amistad con el Presidente,
brilló con luz propia dentro de la Consejería hoy muerta, la nefasta Oficina de
Supervisión de la que ya dí cumplida cuenta en las páginas de La Rioja (“Un
centinela inoperante”, 14 de mayo de 1987) (1), oficina que a la postre iba a
convertirse en ilustre cuna de los siguientes Consejeros, independientemente
del color que gobernase.
Durante
el reinado del tercer Consejero (entiéndase lo de reinado no por la ilustre
cuna mencionada, sino por el alcance de gobierno que poseen las actuales
monarquías) destacó, por encima de todo, otro evento: la presentación del Plan
Especial de Protección del Medio Ambiente y Normas Subsidiarias de Planeamiento
de La Rioja, a cuyo rechazo general me sumé publicamente desde la prensa (“De
Gobierno, Planes Especiales y Ecologistas Varios” que fue publicado en La Rioja
el 19 de abril de 1987 con el título “Cuando un Gobierno regional no gobierna,
redacta un plan”).
La
sorpresa que nos ha deparado el primer y último Consejero de la era Espert ha
sido, sin lugar a dudas, la aprobación del Plan y Normas redactados por el
anterior Gobierno socialista, entre las burlas de quienes decían que lo
aprobaba porque no sabían hacer otra cosa, o las malévolas sonrisas de quienes
consideraban que alguien reinaba (esta vez en el viejo sentido de la palabra)
después de muerto... Sea lo que fuere, ante hechos como éste, poco cabía
esperar de una Consejería sin meta ni rumbo (recordemos que en la toma de
posesión del Gobierno Espert, tal y como publicó La Rioja, todo lo que se le
ocurrió decir al Consejero Jesús de Pablo era que iban a cumplir la
legalidad...) y nada podría producir un departamento que no era otra cosa que
una mala y desordenada agrupación de servicios, negociados y algún que otro
Director Regional incompetente. Su desaparición, por tanto, no debe
escandalizar a nadie.
El
escándalo se producirá, y retomo el chiste inicial, cuando en la próxima crisis
de Gobierno, el Presidente Espert haga desaparecer, por el mismo procedimiento,
la Consejería de Obras Públicas.
(1) véase “Un centinela inoperante”
en el capítulo 1