(Otra nota más en defensa de un patrimonio vivo y no cosificado que apareció en LA RIOJA, completamente alterada, en marzo de 1985. Transcribo aquí, obviamente, el texto original)
Leo
en este periódico que os quieren quitar vuestros malparados archivos
municipales, pueblos de La Rioja, y argumentan para ello que es porque los
teneis abandonados, porque los vendeis o perdeis, y porque no teneis capacidad
para cuidarlos.
Os
quedan ya pocas cosas: os han quitado a vuestros vecinos y a vuestros hijos; os
han cerrado las escuelas y os habeis quedado sin médicos y hasta sin cura; se
os han llevado a vuestros artesanos y aquellos que estudiaron; han hecho rapiña
de vuestros muebles, de vuestros escudos y de las tallas de la iglesia, cuando
no hasta de las campanas; fin de semana tras fin de semana se os llevan las
perdices y las truchas, y grandes máquinas os plantan pinos quitándoos los
pastos; han acabado con vuestras tradiciones y costumbres, con vuestros cuentos
y canciones poniéndoos atontadoras televisiones en casas y tabernas; han
destrozado vuestra arquitectura y vuestro paisaje; ¿qué más quieren? ¿qué más
pueden querer?. Quieren ahora lo único de valor que os queda: vuestra historia,
el pasado que duerme en vuestros archivos.
Pues
bien, yo os digo ¡no los solteis!. Decidles que si no podeis cuidarlos es
porque se os han llevado a quienes los creaban y quienes los cuidaban;
contestadles sin miedo que cómo se atreven a hablar de reequilibrio territorial
mientras os siguen expoliando; gritadles que ¡ya basta!, y aferraros a vuestros
archivos como el naúfrago que se agarra al último leño. Y si os quedan fuerzas,
volved vuestros ojos a los legajos y edificad de nuevo lo que fuisteis; y si no
las teneis y decidís soltarlos, por lo menos ¡vendedlos caros!: pedid a cambio
que os devuelvan todo lo otro que os quitaron. Nunca un archivo municipal
cumplirá mejor su gloriosa misión de recuperar la historia.