(A finales del primer cuatrienio socialista en la Comunidad Autónoma, seguía yo dando la vara con la Ordenación del Territorio y metiéndome con las carencias de los socialistas gobernantes. Este artículo apareció publicado en La Rioja el 19 de abril de 1987, con un titular distinto extraído del propio texto)
Dícese
de las Cortes de Madrid que cuando no quieren resolver un problema, crean una
“comisión”. De mi experiencia municipal puedo decir que cuando no se quiere
tomar una decisión se pide un “informe”. A la vista del Plan Especial de
Protección del Medio Ambiente y Normas Subsidiarias de La Rioja, puede decirse
también que cuando un Gobierno Regional no sabe gobernar, redacta un “plan”.
Decían
esta mañana en la radio que este país lo componemos cuarenta millones de
anarquistas que pedimos continuamente al Estado que lo arregle todo. No me ha
sido difícil relacionar este comentario (era de F. Savater) con el Plan
Especial: en buena parte viene a ser la respuesta institucional a las
aspiraciones de un puñado de ecologistas ( o sea, rojillos, gentes de mal
vivir, anarquistas...) de nuestra procincia, que venían desde hace tiempo dando
la lata sobre el deterioro del medio físico riojano.
Tras
la protección de ciertos parajes de nuestra geografía no hay, sin embargo, sino
una “discriminación de paisajes, bajo la cual, como bajo toda discriminación,
no hay más que una cruel superficialidad”, que decían Joan Margarit y Carlos
Buxadé (Concursos de Belleza para Montes y Valles, rev. Cuadernos de
Arquitectura, Barcelona 1972), para quienes la catalogación de espacios
naturales para su protección devenía de mirar el paisaje como decorado de un
escenario: es el “bosque objeto, abierto a todos los concursos de belleza,
personales o colectivos, que acabamos por regalárnoslo, como colectividad, a
nosotros mismos”.
Entendámonos:
bien sé que esa no es la “manera de mirar el bosque” de los amigos ecologistas
(aunque de todo habrá), pero sí es la de la Administración que redacta Planes
de Protección. Por eso creo que precisamente los ecologistas no deberían
sentirse nada satisfechos con el Plan, sino todo lo contrario: la medalla al
mérito es noticia necrológica. (¡Cómo no recordar con admiración el rechazo que
el cura de Yagüe hizo de la que no ha mucho el Gobierno Regional le quiso
entregar!; ¡cómo no entender también la indignación de Félix Gómez-Escolar,
mostrada el pasado lunes día 13 en la Conferencia-Coloquio de presentación del
Plan, a quien le declaran “zona protegida” al encinar de Cidamón por el que él
mismo se ha desvivido en proteger!)
Con
todo lo extenso que es el Plan, no he encontrado por ninguna parte ni descrita,
ni siquiera insinuada, la ecuación fundamental del deterioro del medio físico,
a saber, su proporcional dependencia de la movilidad de los individuos. Ni por
supuesto los teoremas anexos: la movilidad es producto del uso indiscriminado
del transporte privado (motos, coches, gasolina); la superficialidad (la cruel
superficialidad que decían Margarit y Buxadé) está en relación directa con la
movilidad considerada como un consumo en sí mismo; etc. Para qué seguir; el que
sepa entender que entienda.
Volvamos
al principio. El Gobierno Riojano no ha sabido en estos cuatro años hacer una
política de Ordenación del Territorio, entre otras cosas, porque ni siquiera
entiende aún “cómo funciona”. El Plan Especial es sintomático al efecto:
actuará en el mecanismo de concesión de licencias: ¿pero es posible que no se
hayan planteado la disparidad en la capacidad para ejercitar dicho mecanismo
entre municipios como Navajún, Haro o Logroño? . (Dicho con otras palabras que
explican la polémica del día 14 en el Colegio Universitario: ¿qué autoridad
tienen en el tema el inmigrado Director Regional de Urbanismo y sus cuatro
ingenieros traídos de Madrid sobre la Unidad de Urbanismo del Ayuntamiento de
Logroño?). Tampoco se ha acordado el Gobierno riojano en estos cuatro años de
empezar a trabajar en el artículo 5 del Estatuto de Autonomía de La Rioja, la
auténtica llave para empezar a ejercer una política de ordenación del
territorio. Incapaces de realizar una política creativa, sólo se acuerdan de la
Ley del Suelo en sus aspectos más restrictivos, disciplinarios y punitivos,
intentando ejercer una política-policía. Pero ni eso, porque para impartir
justicia y sancionar, hace falta credibilidad, hace falta estar investido de
una “autoridad” (esa del dicho popular que distingue entre “ser una autoridad”
y “tener autoridad”) que no se obtiene por la fuerza ni por los votos.
Al final, si no se ha sabido hacer otra cosa, algo hay que presentar a los electores como logro de cuatro años de gestión socialista en materia de protección del medio ambiente: por ejemplo, un plan.