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domingo, 14 de junio de 2026

EL RETABLO DE AMBASAGUAS


            (Mi primera polémica periodística fue con el Director Regional de Cultura, José Manuel Ramírez, quien desde entonces me profesa un especial afecto. Consta de tres episodios aparecidos en la sección Cartas al Director de LA RIOJA, los días 29 y 31 de agosto y 4 de septiembre de 1984 con titulares puestos por el propio periódico. El 9 de septiembre intervino otro ciudadano llamado Víctor Angulo que pedía la dimisión del Director Regional de Cultura argumentando que Cultura debía conllevar educación. Ramírez no dimitió, pero al parecer, se quemó mucho)

 

            El retablo de Ambasaguas

            En la triste noticia del intento de robo del retablo de Ambasaguas (LA RIOJA, 28 de agosto de 1984, pag. 5) leo sin embargo, no sin cierto regocijo, el episodio de cómo nuestro Director Regional de Cultura se introdujo en la iglesia por la misma vía que utilizaron los ladrones, una ventana en la que habían roto uno de los barrotes.

            El episodio quedaría ahí, en la actitud campechana o infantil del Director, si no fuera por las sugerencias que ofrece: ¿No estaremos ante un segundo intento, esta vez no frustado y no menos lamentable, a pesar de su legalidad?.

            Ambasaguas, al igual que otros muchos despoblados riojanos ha sufrido el expolio de sus gentes en el descalabrado proceso migratorio de los últimos veinticinco años, de cuyas graves consecuencias se están empezando a preocupar nuestras gobernantes: al efecto, los próximos 13, 14 y 15 de septiembre se celebrará en Madrid, organizado por la Dirección General de la Juventud y Promoción Sociocultural unos “Encuentros sobre Pueblos Deshabitados” para los que la misma Comunidad Autónoma ha encargado la preparación de una ponencia sobre La Rioja a Luis Vicente Elías, y en los que tanto como analizar las causas de los abandonos, se estudiarán y propondrán las posibles vías de recuperación.

            Continuar expoliando lo poco que queda de estos pueblos es la vía más segura para que jamás se recuperen, y en la actual tesitura resulta, además de triste y preocupante, bastante contradictorio.

            Tras ICONA ocupando los montes, aparece ahora Cultura llevándose las piedras.

            ¿Hasta cuándo?

 

            El retablo de Ambasaguas, el arquitecto y sus cartas

            Una vez más, el arquitecto Juan Diez del Corral aparece preocupado por los temas relacionados con nuestro patrimonio histórico artístico, aunque sigue sin saber por dónde le da el aire, como suele ser frecuente en él. Como supongo que no tiene mucho trabajo que hacer (para alegría de los que queremos a nuestros pueblos, no sea que en un loco arrebato de creatividad nos sorprenda haciendo algunas casas tan demenciales como las que ha construido en Tirgo o en Varea), le da por escribir cartas al periódico. Esto lo digo, naturalmente, con esa actitud campechana e infantil que me caracteriza, según él.

            Pero en fin, con relación al famoso retablo de Ambasaguas, quisiera dejar constancia de lo siguiente:

            1.- Como director regional de Cultura pondré todos los medios en evitar las mermas y deterioro de nuestro patrimonio. Y si para comprobar las noticias hay que deslizarse por una ventana, seguiré actuando como hasta ahora.

            2.- Cultura no trata de llevarse ninguna piedra. Justo todo lo contrario, como lo pueden corroborar las autoridades que allí estaban presentes. (A propósito, los retablos de La Rioja suelen ser de nogal y no de piedra, como apuntas).

            3.- El retablo de Ambasaguas, junto con un colateral, tiene ya un destino definido: la parroquia de Muro de Aguas. Y si se ha llegado a esa solución transitoria será porque ha habido previamente un estudio serio, ¿no crees?

            Y para terminar, decir que de las miles de horas que he pasado entre papeles viejos y en todas y cada una de las localidades de La Rioja investigando en nuestro patrimonio histórico-artístico, nunca he coincidido contigo. ¿De verdad sabes dónde está Ambasaguas? Anda majo, cómprate una brújula y sigue escribiendo cartas a los periódicos porque yo, en concreto, no estoy por la labor de perder el tiempo contigo de esa forma cuando hay tantos asuntos que solucionar.

 

            Jose Manuel Ramírez Martínez

            Director regional de Cultura

 

            Del retablo a la comedia. Carta abierta al Director Regional de Cultura

            Dado que fuí yo quien inicié de una manera pública la polémica sobre el expolio de los pueblos abandonados a raíz del traslado del retablo de Ambasaguas, no me es lícito abandonarla, como deseo hacer con esta carta, sin ofrecerle antes una explicación de mi actitud: dejo el debate, a decir verdad, porque me resulta imposible alcanzar el tan alto nivel cultural y humano a que usted lo elevó con su carta de 30 de agosto, LA RIOJA, pag. 6. Veamos:

            - Mi entendimiento no alcanza a entender cómo, tras plantear por mi parte un tema de interés público, una institución, la por usted representada, contesta con insultos y descalificaciones a mi persona, haciendo una increíble pirueta dialéctica en la que salta con toda facilidad del plano de lo público al plano de lo privado: el tema del debate era el expolio de los pueblos abandonados y no la calidad de mis casas o la cuantía de mis conocimientos.

            - En el plano meramente humano se me hace también muy difícil mantener el diálogo con una persona que posee una ética tan sólida que no le impide alegrarse en público del infortunio ajeno de la carencia de trabajo; ¡caramba!, sólo le faltó a usted desear “que me partiese un rayo”.

            - Me parece también muy difícil, por no decir imposible, alcanzar el nivel de heroísmo que usted a sí mismo se otorga: hacer el ridículo para salvar el patrimonio es algo que no entra en mis posibles.

            - En lo tocante a la forma de expresión también me veo deslumbrado e incapaz de imitar la alta calidad retórica de su literatura, en la que no sólo se producen difíciles giros, como comenzar hablando en tercera persona para acabar tuteándome, sino que también se llega a las fuertes alocuciones directas con salidas como “anda majo, cómprate una brújula...”, y otras de imposible asimilación por mi parte.

            - También me cuesta mucho descifrar en sus razonamientos, silogismos tan arduos como aquél en el que usted deduce mis pocos conocimientos de arte debido a que no hemos coincidido personalmente visitando monumento alguno (?).

            - En fin, también me siento humillado ante sus lecciones entre paréntesis como la de que los retablos de La Rioja suelen ser de nogal y no de piedra; ¡vaya ignorancia la mía!

            Parece claro que para acceder a tales niveles de discusión son precisas las miles horas de usted, pasadas entre papeles viejos o investigando nuestro patrimonio, y que sinceramente yo no poseo.

            Pero imposible el debate público con usted sobre tan importante asunto, permítame, si no es mucha molestia, hacer una última reflexión por si fuera de su utilidad. No sé si debido a un extraño influjo de ese próximo y polémico Festival de Teatro de Logroño, o por las mismas connotaciones de la palabra “retablo”, en vez de irnos del de Ambasaguas al tema del expolio de los pueblos abandonados, nos hemos ido a montar una comedia periodística entre usted y yo en la que, como en toda comedia y para divertir al público, ha de haber por fuerza un tonto. Que haga de tonto yo, psst..., tanto da; al fin y al cabo no soy mas que un ciudadano de a pié sin aspiraciones. Pero que dicho papel le toque a usted, el Director Regional de una institución pública, ojo amigo, ¡eso es jugarse el cargo!.

            Con un cordial saludo (lo valiente no quita lo cortés) se despide éste su administrado. 

VIVALDI EL ORGANISTA


            (La segunda polémica con el Director Regional de Cultura, acontecida en enero de 1985, fue mas bien un pretexto para contar las zancadillas que se me empezaban a propinar por la polémica anterior. Al citar en ella a miembros del Colegio, dió lugar a una advertencia de su Junta de Gobierno contra mí que recurrí al Tribunal Profesional, quien en acta de 17 de abril de 1985 me dió la razón)


            Sr. Director:

            Se ha de celebrar, como no, la grata noticia publicada por LA RIOJA de 22 de enero, de que se van a reparar algunos de nuestros órganos (esos fantásticos edificos musicales construidos en el interior de nuestras iglesias), y que además, se van a programar una serie de conciertos con dichos instrumentos.

            Pero lo que es menos de celebrar al respecto, es la cultura musical de nuestro Director Regional de Cultura, quien afirma en la misma noticia que gracias a dichos conciertos, los aficionados y los jóvenes (extraña distinción) se podrán acercar a autores como Vivaldi, por poner un ejemplo. Dúdolo mucho: como cualquier mediocre aficionado sabe, Vivaldi, extraordinario violinista, jamás compuso pieza alguna para órgano.

 

            Réplica del director regional de Cultura

            Nuevamente, el habitual arquitecto de esta sección de LA RIOJA coge el rábano por las hojas y saca sus propias conclusiones. Musicales en este caso. Si hubiera leído bien el artículo a que hace referencia se habría dado cuenta de que se trata, en definitiva, de potenciar toda una serie de actividades musicales tomando como marco los templos riojanos, que tienen además la ventaja de contar la mayoría de ellos con excelentes órganos, aunque en mal estado de conservación muchos de ellos. De ahí que nuestros objetivos se centren en posibilitar en las iglesias conciertos complementarios: a la intervención de un cuarteto, quinteto o agrupación musical cualquiera (no es la primera vez que la Consejería de Cultura promueve este tipo de actuaciones en las iglesias de la región) se añaden como un aliciente más unas piezas de órgano. Para ello es preciso llevar una acción coordinada que contemple algo que estaba bastante descuidado en la etapa imperial: la restauración de órganos.

            En las sucesivas reuniones que hemos celebrado en Madrid con relación al Año Europeo de la Música, se han tocado diversos puntos. Uno de ellos el intentar captar para la música a toda esa gran masa de jóvenes a través de la frescura de unas composiciones como las de Vivaldi, por ejemplo. Por esa circunstancia se detallaba en la entrevista: “...nuestra idea es habilitar los medios necesarios para poder trasladar a los aficionados y a los jóvenes hasta dichos lugares e intentar acercarlos a la música a través de autores como Vivaldi, por poner un ejemplo...”

            Ahora bien, si las ansias del arquitecto por rizar el rizo le llevan siempre a posturas tan maximalistas como pintorescas, voy a darle la relación Vivaldi-órgano que busca con su cansina insistencia y desconocimiento:

            En aquella época, los conciertos se ambientaban muchas veces en las iglesias y el bajo continuo se hacía bien con clavecín o con órgano por ser el primero que lo sacó de simple instrumento de acompañamiento (que ya era bastante) a instrumento solista (Concierto en Re menor para violín, órgano y orquesta de cuerdas). También Bach sacaría más adelante el clavecín (“Quinto Concierto de Brandeburgo”, 1720)

            El órgano por aquel entonces era generalmente un instrumento de un teclado: muchas veces ni siquiera llevaba pedalier. Y la prueba de que Vivaldi prefería el órgano al clavecín en el bajo continuo la encontramos en muchas instancias. Pero lo que resulta revelador es que en su conocido “Concierto para dos mandolinas en Sol mayor” Vivaldi especifica con meridiana claridad que quiere órgano en este concierto de acompañamiento.

            Incluso Bach transcribió varios conciertos de Vivaldi para órgano solamente. Pero es que, además, un hombre como Vivaldi tiene varias composiciones religiosas, cantatas, etc, (y perteneciendo él mismo al estamento religioso), sería extraño que no hubiera escrito para órgano: se conocen los originales para dos conciertos de órgano, por citar algo aislado.

            En fin, señor Díez del Corral, en el largo epistolario que con tanta frecuencia me dirigía hace tan sólo unos meses, llegó a emplear, me imagino que sin ayuda de nadie, una frase que lo definie con absoluta exactitud: “... mi entendimiento no me alcanza a entender...”. ¡Que pena!

 

            Jose Manuel Ramírez Martínez

            Director Regional de Cultura

 

            Réplica al Sr. Ramírez

            Sorprendería la ingenuidad del Sr. Ramírez al contestar a mi nota sobre su desliz en el caso Vivaldi-órgano, si no fuera por la mala fé y la mala intención que va detrás. Hablaré pues primero de su ingenuidad, y a continuación de su mala fé.

            La frase que entrecomilla para demostrar su inocencia está fuera de contexto. La frase no empieza en “nuestra intención es habilitar los medios...” sino bastante antes. Es ese un sistema de engaño tan infantil que no creo que se lo trague nadie. Mucho más ingenua es con todo, su exhibición de erudición para encontrar una mínima relación de Vivaldi con el órgano: ¿quién no va a creer que todo lo que cuenta es fruto de dos noches de urgente biblioteca o de consultas a asesores musicales?. Ni un político de pueblo es tan ingenuo.

            A veces se tiene la idea equivocada de que la ingenuidad es fruto del buen corazón y de la inocencia. Pues bien, les voy a contar a los lectores dos episodios personales para demostrarles que a veces la ingenuidad va asociada a una auténtica mala fé.

            El primer episodio data de una carta que escribí a este periódico el 20 de Mayo de 1984 criticando la decisión, hoy por hoy, de declarar a Ortigosa como conjunto histórico-artístico (1). ¿Saben Vds. cuál fue la reacción de nuestro gobernante?: decirme desvergonzadamente ante dos testigos en un bar de Logroño que si se me ocurría volver a meterme con su gestión se metería públicamente contra mi persona. Palabra que cumplió a rajatabla y de un modo lamentable en el célebre episodio de Ambasaguas. Como decía José Aumente hace poco en un extraordinario artículo publicado en un diario de Madrid “los actuales socialistas han aprendido mucho de la experiencia del franquismo: quieren impedir que éste vuelva haciendo suyas muchas de sus actitudes”.

            El segundo episodio personal es de hace muy pocos días. Debido a que últimamente estoy estudiando arquitectura riojana del siglo XVI, y dado que el Inventario Artístico de Logroño y su provincia (material de trabajo básico) está publicado tan solo en parte, me dirigí a la Dirección Regional de Cultura con la intención de consultar las fichas ya realizadas, que sirven para la realización de dicho inventario. Pues bien, pásmense Vds. de cómo está la Cultura por estos pagos: salí de allí con las manos vacías, pues me dijo el Sr. Director Regional de Cultura que dichas fichas estaban en Madrid y que para poder consultarlas debía antes pedirles permiso a sus redactores (entre ellos el propio Ramírez) por cuestiones de propiedad intelectual. Pero tranquilos, que aún hay más. Como el Coordinador de Cultura de mi Colegio de Arquitectos me había advertido de que debido a las “tormentosas relaciones” que había entre el Sr. Ramírez y yo era muy posible que no me facilitase dicha información (a lo que respondí delante del Sr. Decano del Colegio que yo no pensaba tan mal del Sr. Ramírez), quedó encargado dicho Coordinador de solicitar tales fichas. ¡Oh universalidad de la Cultura!, todo estaba disponible ahora. Claro que después hubo una segunda llamada telefónica del Sr. Ramírez al Coordinador de Cultura del Colegio “¿pero cómo no me dijiste que el interesado en las fichas era Díez del Corral?... sin comentarios.

            Como me dedico a cultivar la Cultura, amo el debate. Como creo en la nobleza de los hombres, amo el combate (decía el bardo Blondel hacia el final de “En busca de el rey” de Gore Vidal: “¿acaso no estamos hechos los hombres par combatir?”). Mas cuando probada suficientemente la cultura y nobleza de mis enemigos veo que es imposible el combate o el debate, no me queda sino retirarme a mis cuarteles de invierno.

 

(1) véase art. 1 del cap. 6

EN DEFENSA DEL ENEMIGO


(En septiembre de 1986, mi oponente en polémicas, José Manuel Ramírez estaba muy tocado políticamente y tuve que salir a las Cartas al Director en su defensa)


Sr. Director:

Leo en el periódico que Vd. dirige, que luchas intestinas en el seno del partido gobernante han venido a poner en juego el cargo de mi conocido enemigo José Manuel Ramírez, a la sazón, Director Regional de Cultura. Y lo leo con cierto estupor por cuanto que la mayor acusación que esgrimen sus detractores resulta ser, sin embargo, una de sus mejores virtudes políticas, a saber, su afán polémico frente a otras instituciones e incluso, ante los propios ciudadanos que le llevan la contraria.

Si la “cultura” venía siendo en nuestra provincia poco más que un subtítulo de programa de televisión, y la “política” esa misma actividad turbia de siempre, ejercida desde arriba por unos cuantos oportunistas metidos a próceres ambiciosos, José Manuel Ramírez ha sido en estos años, por el contrario, uno de los pocos personajes que han devuelto la dignidad al ejercicio de ambas actividades: ha hecho de la cultura una actividad central de gobierno y la ha abierto en todo momento a la polémica o el debate.

Obvio es que no comparto ni el modo de entender la cultura en general o el tema del patrimonio en particular, ni la manera de llevar las polémicas del actual Director Regional, pero eso son cuestiones menores ante el gran mérito que para mí suponen una fogosidad cultural y una alta conciencia democrática que hacen posible, hoy y aquí, una cultura y una política realmente vivas.

Era Nietzsche quien por boca de Zaratustra (o Zaratustra por boca de Nietzsche si se prefiere...) quien instaba a tener buenos enemigos antes que mediocres amigos. Desde luego, ante amigos “de toda la vida” que por haber accedido a un alto cargo político te escatiman el saludo o pasan a tu lado haciendo como que no te han visto, yo sinceramente prefiero a enemigos de la talla cultural y de la generosidad política de José Manuel Ramírez.


ORTIGOSA, EL PATRIMONIO Y EL CAMBIO

            (Con esta Carta al Director de La Rioja publicada el 20 de mayo de 1984 empezaba mis polémicas con el Director Regional de Cultura y mis reflexiones sobre el Patrimonio arquitectónico)


            Salvar la patria es algo ya tan desprestigiado que los salvadores que aún andan sueltos por ahí se dedican ahora a salvar el patrimonio.

            Viene a cuento este juego de palabras para terciar en la reciente polémica sobre la “salvación” del hermoso pueblo de Ortigosa: frente a los destructores vecinos, alcalde y oligarquía local (!?) surge valiente nuestro Director Regional de Cultura rescatándonos el patrimonio ortigosano de su barbarie y ofreciéndonoslo al resto de los riojanos por la plácida vía del turismo dominguero y estival.

            Es curioso que tanto al hablar de la patria como del patrimonio, el término más empleado sea aquel de su “defensa”. Y es triste que así sea, pues como dice Juan López Jaen (rev. Quaderns n. 54) “la feliz convivencia de nuestras casas, ciudades y paisajes no tiene por qué convertirse en una guerra”.

            Yo creía que con el cambio socialista (?) las cuestiones del patrimonio dejarían de seguir aquella política fraguista de convertir nuestros monumentos y nuestra historia en paradores de Turismo. Y creía que en vez de hablar de “defensa” o de “conservación” (palabra que es patrimonio de la derecha) del patrimonio, se empezaría a hablar de respeto, de conocimiento, e incluso de “amor” al patrimonio.

            Pues bien, una política de “amor al patrimonio”, o sea, una política de “cambio”, debería comenzar por estudiar e investigar nuestro patrimonio, por enseñarlo y por divulgarlo, por hacerlo atrayente y revalorizarlo. El mejor tratamiento que puede tener el patrimonio no es conservarlo en alcohol para disfrute del coleccionista, sino estudiarlo en profundidad, en sus últimas causas, de modo que además de conocer en qué reside su belleza, sepamos crear las condiciones para que viva y se pueda reproducir.

            Sólo cuando se confunde amor con posesión o cuando se es incapaz de una generosa divulgación merced al mantenimiento de un elitismo paternalista, es cuando viene al pelo sacar la porra contra los pobres e incultos aldeanos y ofrecer el defendido patrimonio a los pudientes y stressados turistas ciudadanos. 

EL LAVADERO DE TRICIO

(Mientras que los grandes edificios pasan de una cultura a otra, las pequeñas construcciones, sin embargo, mueren inexorablemente con su cultura sin que apenas nadie sea sensible a ello. No guardo la fecha del periódico en que se publicó esta necrológica, así que marzo de 1988 es la única referencia)


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Corren tiempos en que no es infrecuente el sentimiento de indignación por la desaparición irracional de personas o cosas. Son tiempos de ignorancia y de incapacidad para la contemplación: malos tiempos para la arquitectura, que según mi amigo Joan Isart, es contemplación. Huiré por tanto de la indignación en las líneas que siguen.

El lavadero de Tricio acaba de desaparecer. Tal es la noticia. El sábado 19 de marzo tomé la fotografía que ilustra esta nota: en ella pueden verse sus escombros. Recordé allí el dictamen del gran Borges: “sólo lo que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos”.

José Manuel Ramírez me había encargado, a mediados del año pasado, su restauración (aunque sin fondos, -como me advirtió Angel Mellado). José Luis Hormilla, Margarita Zangroniz y yo lo medimos, fotografiamos, contemplamos y aún acariciamos las desgastadas piedras de lavar y sus cansados pilares en un día de frío intenso.

Poco después supe que muchos otros esfuerzos se habían dado para impedir su ruina. Carlos Muntión fue el promotor de los más de ellos. Releo ahora lacónicamente un “Saluda” que el COAR le envió y él me cedió: El Decano del colegio Oficial de Arquitectos de La Rioja Saluda a D. Carlos Muntión Hernáez y le comunica que ha sido desestimada su solicitud para Beca COAR de 1985 y que bajo el lema “Salvar un lavadero” había presentado. Agradeciéndole su participación...”

Para recaudar fondos con destino a la compra de la madera de reposición, se fueron su hermano y Solozábal a jugar un partido de pelota a Salas de los Infantes. Conseguida la madera, mi malquerida Oficina de Supervisión de Proyectos redactó un Presupuesto el 29 de marzo de 1985 para acometer las obras. Transcribo el oficio: “Adjunto se traslada Informe Técnico realizado por el Aparejador de esta Oficina, D. Pedro Conde, valorando las obras de reconstrucción del lavadero de Tricio. La valoración asciende a 117.456 ptas. sin incluir la mano de obra, medios auxiliares y madera de estructura, conforme a las directrices que nos fueron indicadas. Firmado: el arquitecto-jefe D. Jesús de Pablo Pastor”. Adjunto al informe-presupuesto había dos dibujos, una sección y una planta de José Angel León García, provenientes de un trabajo de recopilación de fuentes y lavaderos que, bajo la dirección de José Miguel León, había realizado con la ligera ayuda, esta vez sí, de una beca del COAR.

Un Director Regional, un Premio Nacional de Investigación Etnográfica, dos excelentes pelotaris, un ex Consejero, un Consejero, un buen arquitecto y su dibujante, mis ayudantes y yo. Se ha cerrado la lista. Ya no habrá nadie más.

Dos acólitos me acompañaron en el funeral. Uno, que como puede verse no le hacía ascos a la fotografía, me indicó que buena falta le hacía (el empujón final). El otro, que desapareció rápidamente por el camino de la ermita, sentenció: “total no servía para nada...”. Son cosas que se oyen en los entierros.

Hacía sol. Joachim von Passenow, el primer personaje de la trilogía de Hermann Broch, “deseó para su propia muerte un día suave de lluvia”. Muerte y lluvia son complementarios. No hubo la suerte de tener la lluvia pero sí la música: desde la entreabierta puerta de mi coche me llegaban los desgarrados bufidos de una cinta del Barón Rojo.